miércoles, 28 de diciembre de 2016

Crónicas de Sangre: La Mesalina del Índico


"...Rociando tu templo con la sangre de tus criaturas,
 mancillándolo con horrores e infámias, 
con ferocidades dignas de los caníbales
es como varias generaciones de hombres sobre la Tierra 
han creído cumplir tus deseos y agradar a tu justicia."
Marqués de Sade

       SU NOMBRE COMPLETO ERA Rabodoandrianampoinimerina, Ramavo para los amigos. Con este personaje relativamente desconocido quiero inaugurar esta nueva sección en la que revisaremos algunos de los monstruos más dementes de la historia. A finales del siglo XVIII el globo terráqueo estaba siendo dividido con escuadra y cartabón entre los imperios europeos, y la isla de Madagascar era una perita en dulce para las más grandes potencias, especialmente Francia e Inglaterra que tenían puestas sus miras en África, Asia y Oceanía mientras españoles y portugueses batallaban por el control del otro lado del atlántico. La isla, rica en recursos naturales, madera y metales, la cuarta isla más grande del mundo estaba además en una zona de incomparable poder estratégico al dominar la entrada por mar al índico. Para mayor facilidad para los colonos Madagascar estaba dividida en varios reinos beligerantes separados principalmente en dos etnias: betsileos que ocupaban la costa oriental de la isla, y los Imerinos de las zonas altas centrales. Nuestra protagonista procedía de esta segundo grupo, nacida en Ambatomanoina en 1782, fue regalada por su padre al rey Andrianampoimerina como premio por unir al pueblo Imerino e instaurar el reino de Ambohimanga. El rey aceptó el regalo de buen grado adoptando a Ramavo para poder casarla con su hijo, el príncipe Radama. Cuando en 1810 Andrianampoimerina murió victima de su afición por empinar el codo, el joven príncipe Radama asumió el reino. Aprovechando que ingleses y franceses andaban a tortas por todos los mares del mundo y queriendo dar un aire civilizado a la isla llegó a acuerdos con ambas potencias para que pudieran hacer uso de la isla. Además permitió o invitó a misioneros protestantes a evangelizar a los malgaches. Abolió la esclavitud aunque solo sobre el papel, y gracias a sus buenas relaciones, sobre todo con los ingleses se hizo con un moderno arsenal armamentístico con lo que emprendió la conquista de los reinos colindantes para casi unificar la isla bajo su trono. Ramavo que era analfabeta pero gozaba en una gran inteligencia practica se horrorizaba con la incursión foranea y sobre todo con la propagación del cristianismo relevando a las ancestrales creencias del país. No solo estaba descontenta en lo político, social y religioso, sino que en lo personal Radama era incapaz de darle un hijo, lo que la hizo buscar hombres más potentes en la clandestinidad. En 1928 Radama falleció, se sospecha que por envenenamiento a manos de su esposa, y Ramavo ejerció la regencia, pasando a ser conocida como Ranavalona I, primera reina del país en toda su historia.

      La flamante reina se frotaba las manos. Ahora gozaría de poder de hacer y deshacer, solamente tenía un inconveniente. Su prima oficialmente tenía más derecho dinástico que ella para ejercer el poder, y como sus creencias animistas dictaban que caería una maldición sobre aquel que matase a alguien de sangre real (como lo del veneno es una teoría la muerte de Radama no cuenta) optó por dejarla morir de hambre, cosa que no la llevó demasiado esfuerzo. Librada de este pequeño escollo dio su siguiente paso para asentar su poder, se presentó a su reino no como soberana, si no como Diosa en vida, y mira que curioso, la gente no lo dudó. Llevó a cabo prácticas religiosas tan curiosas como los Baños de la Reina, que consistía en una tarima donde se ponía una bañera y a los ojos de los fieles Ranavalona era lavada, peinada y depilada por sirvientes. Cuando el aseo terminaba, los fieles se agolpaban bajo la tarima para que le derramasen el agua sucia del baño para ser bendecidos.
Una vez asentado su poder regio y divino dio el siguiente paso, la expulsión sin juicio de todos los extranjeros y no nativos del país, ruptura total de los acuerdos comerciales con ingleses y franceses, y la persecución de posibles detractores y cristianos. Sus métodos de contra-evangelización eran tan poco sutiles como efectivos. Comenzó tirando a los supuestos opositores por los acantilados. A los conversos les hacía pasar por el juicio de Dios, que era darles una copa con veneno, si sobrevivían (que ninguno lo hacía) sería por gracia de los dioses de toda la vida, si no era justo castigo por herejes. La "gracieta" del veneno, rápido cansó las macabras ansias de dolor de la reina y empezó a usar otros métodos, como hacer cruzar a nado a los juzgados por estanques infestados de cocodrilos, soltarles cubiertos de pieles ensangrentadas a una jauría de perros hambrientos, atarles desnudos a la intemperie para que bien las bestias o la inanición acabasen con ellos y todo tipo de perrerías. Su sadismo llegó al culmen cuando decidió escaldar a sus victimas colgándoles con una cuerda dentro de un pozo que llenaban después de agua hirviendo. Los vapores hacían que la piel se separase del cuerpo, impensable un dolor mayor, y si sobrevivían arriba les decapitaban. Consiguió horrorizar tanto, que su propio hijo Radama II (que no era hijo de Radama I, pues nació mas de nueve meses más tarde de muerte del padre oficial, pero viendo como se las gastaba la madre cualquiera la contradecía) llegó a un acuerdo con Napoleón III y con los ingleses para que pusiesen fin a la barbarie de su madre invadiendo la Isla. A pesar de no tener conocimientos militares pero si de la orografía de su país, consiguió que la invasión franco inglesa fuese una masacre. No solo repelió el ataque sino que como aviso a navegantes y protección de los dioses colgó las cabezas de los europeos en picas que se esparcieron por todas las playas de la Isla. Lamiéndose las heridas ingleses y franceses consideraron que había otros sitios más cómodos para invadir. Y así Ranavalona I de Madagascar no volvió a ser molestada. Se estima que su cólera y odio se cobró la vida de la mitad de los habitantes de Madagascar, cerca de un millón y medio de victimas cruelmente asesinadas por una voracidad sin igual que dio pie a que Ramavo, después Ranavalona, pasase a ser llamada "La Caligula de África", "La Mesalina de Madagascar", "La Bloody Mary de Madagascar" o "La Reina más loca de la historia". Aunque en la proporción de monstruos históricos son más los hombres que las mujeres, estas tienen su espacio también, pero eso SERÁ OTRA HISTORIA 

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