miércoles, 30 de marzo de 2016

Curiosidades Paisajísticas: El Londres de Victoria


"Cuando se está cansado de Londres, se está cansado de la vida"
Samuel Johnson

       Y HAY TAN pocas ciudades que le dejen a uno tan poco indiferente como Londres. No es una ciudad, es un ser vivo que se va acostumbrando al siglo en que vive sin olvidarse del orgullo de sus raíces y sus tradiciones. Millones de turistas la visitan al año, y nunca falla escuchar a uno, una o varios que designan algo en la ciudad bajo el adjetivo "Victoriano": un juego de tazas de té victoriano en cualquier tienda de souvenirs; un edificio victoriano cuando pasas por toda la zona noble desde el distrito de Westminster hasta Hyde Park, una película que representa la Inglaterra victoriana todas aquellas en la que se ve la versión más británica de Anthony Hopkins en algún "manor" (estado o palacete) de un gran señor a principios del siglo XX. Y ahí radica el error, eso no es Victoriano, en todo caso sería "Edwardiano" ya que entra más en el reinado del hijo de la Gran Reina Victoria, máximo exponente del imperio británico. Si paseas por Kensington te encuentras el Albert Memorial, el Royal Albert and Victoria Museum, y el Royal Albert Hall. No hay nada más Victoriano que eso. La gran reina Victoria consolidaba el vasto imperio británico mientras lloraba la temprana muerte de su marido Albert, al que nunca dejó de querer. Nunca más se quitó el luto, y durante un tiempo le fue tan difícil aceptar la realidad que tenía a un asistente preparando diariamente ropa, baños, desayuno y agenda del consorte real como si este siguiese vivo. Poco a poco fue diluyendo su recuerdo en whiskey, pero no en el "agua de vida" (uische beatha, en gaélico) que era lo que la gente sofisticada bebía, sino por el whisky escocés y claro, como ella era la reina, la tendencia cambió para siempre. Victoria fue la primera inquilina del palacio de Buckingham, la que pasaría a ser a partir de ese momento la residencia oficial de los reyes de Inglaterra, pero ese glamour distaba mucho de la ciudad de Londres, así que bajaremos un peldaño.

       El Londres de Oscar Wilde, que a pesar de ser un ilustre irlandés (imperio británico por aquella época) no tuvo reparos de encontrarse casi como en casa junto a la alta burguesía británica, los clubes sociales donde los caballeros atendían su vida social y discutían de el avance del imperio y sus asuntos personales. Un Londres muy distante de cualquier tipo de sistema judicial, ya que con un "Lord" delante del apellido se llegaba mucho más lejos que con un nombre bonito. Donde los impuestos por renta y propiedades eran tan bajos que la clase pudiente era simplemente incapaz de dilapidar sus rentas sin incrementar sus riquezas. Un mundo donde un oficial del ejército tan incapaz como Lord Cardigan podía mandar a la muerte a toda la caballería ligera en la guerra de Crimea e irse después de la masacre a su yate a beber bien y comer caviar, sin temer que un consejo de guerra le juzgase por inepto de vuelta a Inglaterra. Al contrario, su chaqueta de lana para evitar el frío en la península ucraniana fue replicada y vendida por toda Inglaterra como churros. Es lo que ahora se conoce como rebeca o cardigan, como se le sigue llamando hoy en día por tierras anglosajonas. Pero también era un Londres de una ciencia con vaivenes. Tan pronto era tan seria como para inaugurar la central de los naturalistas cerca del monumento al difunto Albert, la National Geographic, como investigaba medicina al más puro estilo de "prueba-error". Por poner un ejemplo muy curioso y muy de Wilde, la sociedad puritana era terrible en cuanto a sexualidad se refiere. Entonces, como le puede pasar a cualquier persona insatisfecha en ese terreno, puede producir cierto estrés. A mediados del siglo diecinueve eso se denominaba Histeria Femenina. La palabra histeria tiene origen griego y quiere decir útero, y por aquellos días se consideraba el útero como una especie de órgano abstracto que se iba moviendo por el cuerpo de la mujer. Queda aclarar en este punto que estas cosas por muy raras que parezcan no me las estoy inventando, dicho esto seguimos. La única forma aparente de calmar los humores de la histeria era un masaje en la vulva de la mujer, buscando lo que los especialistas llamaban un "paroxismo histérico" a lo que hoy llamaríamos un orgasmo, pero como los especialistas estaban convencidos de que una mujer era incapaz de disfrutar de un orgasmo sin la penetración del órgano sexual masculino, le daban y le daban al brazo de la paciente que lejos de disfrutar abiertamente iban acompañadas de sus maridos, sus madres o algún familiar cercano. Esto hacía que la consecución del "paroxismo" fuese muy trabajosa. Hasta el día que un Dr. Mortimer Grandville, harto de darle al brazo inventase una máquina a vapor para hacerse cargo del masaje. Lo que fue una revolución terapéutica disponible en cualquier tienda para aliviar la "histeria" hoy lo llamamos vibrador o consolador. Cómo cambia el cuento. Pero eso era la alta sociedad, bajemos otro escalón.

       El Londres de la escasa clase media de Lewis Carroll. Por todos es querida la obra de Carroll en la que Alicia con más ignorancia que ingenio desafía lo onírico del mundo abstracto y psicotrópico de las maravillas. En especial hay un personaje al que todos queremos. El sombrerero. Pues si en España el grado de locura llega a su zenit en la forma de una cabra, en Inglaterra se dice que "estás más loco que un sombrerero". Y efectivamente estaban locos, porque para hacer manejables los gorros de piel de castor, los cuales exportaron por cientos de miles al año hasta que acabaron con todos los castores europeos, bañaban los cueros en nitrato de mercurio. Esos baños eran tan volátiles como ponzoñosos, y rápido los sombreros perdían los dientes, el habla y la razón entre fuertes temblores y convulsiones. Pero habían otras profesiones tan extrañas como rentables. Estaba la del "salchichero", que no es que hiciese embutidos, sino porras de distintos materiales y tamaños, que en función del daño que pudiese ejercer subía el precio y eran muy preciadas por los maleantes londinenses porque se escondían fácilmente en las mangas de las chaquetas. De todas formas, Londres contaba con un cuerpo de apenas seis mil hombres para una ciudad de cinco millones de habitantes en mitad del siglo XIX, así que no hacía falta esconderla demasiado. Otra profesión curiosa era la de los cazadores de ratas, que iban por las grandes casas de campo ofreciendo eliminar las plagas de roedores por un precio muy bajo con la condición de dejarles llevar las ratas vivas. Y tenía su explicación. En los Pubs londinenses eran muy comunes las peleas de perros contra ratas para entretenimiento y apuestas, y las ratas de campo presentaban mejor batalla que las de ciudad y eran mucho más limpias con lo que en caso de mordedura al perro no le pasarían enfermedades. Era tan común este espectáculo que en una semana normal de negocio un tabernero podía comprar dos mil ratas a los cazadores.

        Y por último el Londres de Marx y de la clase obrera y la revolución industrial (de esta última hablaremos en otro capitulo), una ciudad oscura, donde las casas se hacinaban en estrechos y malolientes calles y callejuelas donde apenas se podía ver lo que ellos mismos llamaban "puré de guisantes" que no es que fuese niebla, sino el hollín del carbón de fabricas y estufas que junto a la humedad creaba una película insalubre que no permitía visibilidad a más de viente metros. La gente venía a trabajar a las fábricas sin un lugar donde caer muerto. Quién traía algo de dinero podía dormir en palomares con otros veinte individuos. El que traía un poco menos dormía en lo que se llamaban los "hoteles de las arcadas" que eran tugurios bajo los arcos de las vías de los trenes, y el que menos tenía se iba a la zona del puerto en el extremo este de la ciudad, donde por un penique les pasaban una cuerda por dejado de los sobacos y los colgaban como jamones, era lo que se llamaba sin demasiada imaginación "colgados de a penique". A Londres venían del orden de un millar de personas al día, y la tasa de mortalidad rondaba los tres mil al día. Esto hacía que el de Pompas fúnebres fuese uno de los mayores negocios. Uno de los productos más vendidos fue el ataúd de Bateson, un hipocondríaco que lo que más temía en el mundo era ser enterrado vivo por culpa de una catalepsia o un coma. Así que inventó este sencillo sarcófago de madera, con respiradores a los lados y un sistema de campanas en el exterior directamente conectadas a la muñeca del supuesto muerto, así si resucitaba podían oírle en el exterior. De ahí ha llegado a nuestros días la expresión "salvado por la campana". A pesar de hacer una inmensa fortuna con este sistema y haber sido reconocido como Caballero por la reina en persona, esto no calmó el pánico de Bateson, que al más puro estilo Poe, en un ataque de pánico a ser enterrado vivo, una noche en su taller se roció aceite de lino y se inmoló. Era una era miserable, donde los niños trabajaban como deshollinadores y en las minas desde los escasos cinco años, veinte horas al día. El trabajo en la minería era algo más que una necesidad por que con la revolución industrial se había llegado casi a talar la totalidad de los arboles en Inglaterra en apenas veinte años. Pero eso a Victoria no le interesaba, solamente se ocupaba del Imperio y de llorar a Albert. Durante su reinado se inauguró la plaza de Trafalgar, el "Tower Bridge" y un fabuloso monumento en el anteriormente mencionado y querido (para mí personalmente) barrio de Kengsington, miles morían al día en el corazón de la cruz de San Jorge pero Victoria solo lloraba a uno, ese fue su legado junto a la hemofilia de sus descendientes que pasó a infectar a todas las casas reales de Europa. Hasta finales del siglo, en el que una serie de extraños asesinatos se dieron lugar en la miserable zona de East End (en 2012 se hicieron los Juegos Olímpicos ahí, mira si cambia el cuento), cruentos homicidios que dieron a luz al siglo XX, al nuevo periodismo y a los sistemas de investigación policiales. Pero eso SERÁ OTRA HISTORIA.

viernes, 11 de marzo de 2016

De Inteligencia No Puede Ser


"Incluso los monos se caen de los arboles"
Proverbio japones

       LA HISTORIA DE HOY roza lo rocambolesco, y puede resultar difícil de creer. Pero pasó. En los años sesenta, en la parte más cruenta de la guerra fría, ya mencionada varias veces en este blog, lo servicios de inteligencia de EEUU y de la URSS se devanaban los sesos y se rasgaban las vestiduras buscando la forma de sacar información del otro y de uno mismo porque nunca se sabía cien por cien si se podía confiar en que tu mejor hombre no fuese un agente doble. El uso de micrófonos, micro-cámaras, paredes falsas y demás trampas hacía que las reuniones en sitios cerrados como embajadas o habitaciones de hotel fuesen casi publicaciones en el New York Times o en el Pravda. Así que los espías decidieron hacer sus reuniones y sus intercambios de información en sitios abiertos, como parques o restaurantes al azar, cuidándose mucho de que hubiese un alma al rededor. Había que hacer algo para solucionar este pequeño escoyo.

      Pues pasó que en el Directorio de Ciencia y Tecnología de la CIA debía estar currando una beca el profesor Bacterio, por que si no no se puede entender. Se dotó con veinte millones de dolares, recordar que estamos en el año 1960, para llevar a cabo la creación del espía perfecto: la "Operación Acoustic Kitty", gatito acústico. Esta descabellada idea consistía en hacer de un gato, supuestamente entrenado porque los gatos son demasiado orgullosos para hacerle caso a nadie, un sistema de radio transmisión móvil. Al pobre animal se le abrió en canal y se le colocaron sendos micrófonos en la parte interior de sus orejas, un sistema de cableado rodeando la espina dorsal para enviar la señal de audio, y lo más curioso, la batería en la caja torácica, previamente ahuecada.

       Una vez el gato se recuperó de tan cruel operación se realizaron las primeras pruebas. Y se dieron cuenta de que los gatos no solo son espíritus libres que no van a donde se le diga, sino que además suele tener hambre y le gusta cazar. Tras varios intentos fallidos por educar al gato, decidieron anular el instinto del animal con una trepanación. Otra vez al quirófano. El ya agente perfecto era ya una realidad, un bicho feo, lleno de cicatrices y medio zombificado por las distintas operaciones que llevaba en sus pobres huesos.

       Así llegó el momento de recoger los frutos de la investigación, las intervenciones quirurgicas, y la inquebrantable fe del Directorio de Ciencia y Tecnología de la CIA. Info veraz apuntaba que iba a tener lugar una reunión de dos agentes de inteligencia en Nueva York, uno ruso y otro cubano. Con la crisis de los misiles todavía resonando en las sienes de todos en aquella época era el momento ideal para empezar con buen pié. Dos agentes de la CIA escoltando al gatito acústico le llevaron en un vehículo llegaron a las inmediaciones del parque. Soltaron al gatito y le ordenaron que se fuese a ver que pillaba. Lo que pasó es que el gato no había visto un coche en su vida antes, y el primer taxi que pasaba por ahí le atropelló sin piedad. Los agentes recogieron el cadaver del pobre gato a la carrera. Lo metieron en el coche y enfilaron hacia la central supongo que pensando cómo explicarlo. Por supuesto la Operación Acoustic Kitty, fue abortada al momento, la info clasificada a cal y canto, y más de un lumbreras de Langley recibiría una colleja por listo. Si sabemos hoy en día que tal misión disparatada fue llevada a cabo es porque ex-agentes de la CIA como Victor Marchetti lo publicaría muchos años después. Pero no ha sido la única cagada de las agencias de inteligencias pero ya debéis saber a estas alturas que esas SERÁN OTRAS HISTORIAS.     

martes, 8 de marzo de 2016

Buffa: El Mayor Espectáculo del Mundo


"En verdad si no fuese por la música, habría más razones para volverse loco"
Tchaicovski

          HOY ABRIMOS una nueva sección en esta vuestra página de historia. En Buffa, hablaremos de anécdotas en la historia de la música que algo tan necesario para el hombre como el aire, quizás para unos más que otros. En un mundo actual en lo que todo esta hecho para ser efímero, vender rápido y ser relegado todo tiene una caducidad demasiado pronta. Sin embargo los clásicos son impertérritos. Y su legado y significado, su obra y sus autores son todos dignos de ser estudiados por los eruditos y mucha menor escala intelectual ser mencionados en este humilde blog. Acostumbramos hoy en día de los macro conciertos con escenarios de cientos de metros cuadrados, pantallas gigantes, millares de vatios de potencia, cientos de bailarines y lo último en lasers y pirotecnia para encumbrar lo pequeño de su música, y hablo de Madonna, de Muse, de los Rolling Stones, de U2, de Beyoncé, y de tantos otros que dentro de doscientos años no habrán dejado la más mínima escama en la tabla de la historia.

        En el año 1880 el Zar ruso Alejandro II decidió hacer un sonado homenaje a la victoria rusa frente al ejército de Napoleón, y se la encargó a Tchaivoski con la mediación y beneplácito de su maestro Rubenstain. En 1881, su majestad celebraría un cuarto de siglo de reinado y el año siguiente sería la Exposición Universal en Moscú. Así que durante ese periodo de tiempo Tchaicovski habría de hacer algo digno de aquel glorioso momento en el que Napoleón vio comenzar su declive en tierras eslavas. Y la historia de la invasión es digna de ser mencionada. Napoleón se abría paso al frente de su ejercito, la Grande Armée para terminar de invadir Rusia y así dominar al completo Europa en su pequeña palma. El ejercito ruso no se las veía todas consigo de enfrentarse cuerpo a cuerpo y de igual a igual con Napoleón, y cuando la horda francesa se adentró en lo que hoy conocemos como Lituania, los párrocos ortodoxos se lanzaron en masa a pedir las rogativas de su pueblo conscientes de la diferencia militar, mientras que el Zar Alejandro I y sus oficiales decidieron dar uso a las dos grandes bazas de las que podían disponer, su vasto territorio y el invierno. Durante el verano y otoño La Grande Armée se adentraba en Rusia sin más problema, con una leve resistencia. Esto era pan comido, hasta que llegaron a las proximidades de Moscú y se encontraron todos los campos incendiados, el ganado mudado o aniquilado, y el frío invierno entrando en su apogeo. Acto seguido el ejercito ruso comenzó a cortar las vías de abastecimiento. El hambre y el frío dio paso a las plagas y a la muerte. Antes de que el invierno terminase el orgulloso y moderno ejército napoleónico se vio mermado hasta el diez por ciento, y fue entonces que los rusos entraron en liza y echaron a patadas a Napoleón.

      La puesta en escena de Tchaikovski no pudo ser más orgullosa. Dispuso de una Orquesta Mayor dentro del teatro, otra menor fuera y más sorpresas. Los espectadores de la premiere no eran conscientes de lo que iban a contemplar. La obra comenzaba con un conocido y popular cántico religioso ortodoxo llamado "Dios Proteja a su Pueblo". Si os da por leer estas líneas escuchando la obertura, que enlazaré tanto en el dominio de FB como en esta pagina, se distingue claramente como va subiendo el tono, cogiendo mucha velocidad representando la huida de los rusos y las preparaciones. Hasta que llega el primer Leitmotive, desde fuera del teatro la orquesta entonaría la Marsellesa, anunciando la llegada de los franceses. Entonces llegan más de siete minutos gloriosos en los que las canciones tradicionales rusas sonaban dentro del teatro sincronizadas con frases musicales de los franceses desde fuera, que a momentos iba en aumento haciendo temer la final victoria de los invasores. Hasta el momento final, después de unos minutos de relativa calma en la que entramos de lleno en la batalla de Borodino, haciendo extremo el climax haciendo fuego con dieciséis cañones autenticos, dirigidos por militares artilleros profesionales que no sólo estaban sincronizados por el genial Tchaikovski, también estaban sincronizadas las dos orquestas, los cañones y TODAS LAS CAMPANAS DE LA CIUDAD DE MOSCÚ para sonar al unisono en lo que representaba la celebración final de la victoria rusa frente al ejercito napoleónico. Estamos hablando de finales del siglo XIX, hace ciento cuarenta años. Una ciudad entera a los pies de una representación musical sin precedentes ni imitadores posibles. Curiosamente la marcha final y el disparar de los cañones se lo han hecho propio los estadounidenses, pero ya que hemos cruzado todo el mundo ¡Chúpate esa, Super bowl!!

https://www.youtube.com/watch?v=VbxgYlcNxE8

miércoles, 2 de marzo de 2016

Dar Sentido a lo Nuestro: el Valor de un Peine


" Las mejores palabras son aquellas que guardan un profundo significado
y, al mismo tiempo, resultan comprensibles para todo el mundo"
Confucio



       Somos chulos, hasta decir basta, Somos tan chulos que usamos expresiones chulescas sin conocer el significado de las mismas. Hasta el punto de decirle a un calvo: "te vas a enterar de lo que vale un peine". Pero cuanto vale un peine??

       Vale tanto que la inquisición usaba dos tipos de "peines" para sacar confesiones. Uno era el "peine de mort" especie de artilugio de puntas de acero que servía para desollar la piel del condenado. Tengo entendido aunque no lo he practicado que un desuello viene a ser una de las experiencias más doloras que pueden existir.

        El segundo artilugio era el  "peine forte et dure" que era un cruel sistema de aplastamiento, en el que se ponía al reo, entre dos tablones y se comenzaba a poner pesos encima. Para el momento que confesaba ya sufría aplastamiento de órganos internos, con lo que morían al igual que los del peine anterior, que sufrían todo tipo de infecciones en las zonas despellejadas.

      Así que la próxima vez que amenacéis a alguien de enterarse lo que vale un peine, ya sabéis que no tiene que ver nada con el bueno de Llongueras, sino con una práctica cruel e inhumana llevada a cabo hace siglos. Ambos macabros sistemas de confesión pueden ser visitados en el Museo de Tortura de El Solar, de Santillana del Mar. Hay que tener estomago para entrar ahí.

martes, 1 de marzo de 2016

Cluedo de Acero


"Caín, ¿Que le hiciste a tu hermano Abel?"
Trotski

       LA TENSIÓN iba en aumento en la "dacha" que el Jefe tenía cercana a Moscú. Alrededor de la cama del moribundo Stalin, sus hijos Svetlana y Vasili rezaban, los ministros cuchicheaban, entraban y salían de la estancia, sin saber bien qué hacer o qué ir preparando. El único que mantenía una aparente calma y control de la situación era Lavrenti Beria, jefe de los servicios secretos, o como se decía en la unión sovietica, Comisario del Pueblo para Asuntos Internos, que increpaba a unos médicos aterrorizados de que se les acusase de no haber salvado al padre de la Patria, entre oficiales, militares y políticos que solo pensaban en si la inminente muerte de Stalin sería una liberación o la condenación, así como su supervivencia. El antiguo seminarista georgiano llevaba cuatro días en la cama debatiéndose entre la vida y la muerte cuando finalmente según cuentan algunos testigos, entrada la noche del 5 de Marzo de 1953, con más de setenta años, Stalin alzó la mano hacia el cielo en gesto intimidatorio, como queriendo maldecir a todos los allí presentes y exhaló su último aliento. Y los cimientos del país de los soviets temblaron en contradictorias corrientes. El mismo Pablo Neruda habló de él como "el más grande de los hombres sencillos, nuestro maestro" a la noticia del fallecimiento del totalitarista ruso. Era tan "grande" y "tan sencillo" Pablo, que más de cincuenta millones de victimas te hubiesen abofeteado en la cara si pudiesen, diez millones de muertos de hambre por la reestructuración agraria, treinta millones en las purgas ideológicas, más de veinticinco millones de soldados rusos lanzados a la muerte en la segunda guerra mundial solo para gastar las balas alemanas. Su numero de victimas si que era grande, y si dices que era "sencillo" por vivir en un apartamento de una sola habitación y merendarse una lata de sardinas en aceite todas las tardes te lo compro, pero vamos, no me jodas. ¿Y yo que hago hablando con un cadáver?. Pero si tenía una casa de campo, su dacha, donde tenía un pequeño cine en el que contemplaba películas americanas de indios y vaqueros en inglés y a pesar de no entender una palabra las veía una y otra vez. Y no le gustaba verlas solo, sino que las proyectaba antes de cenar para sus invitados, los cuales entendían tanto o nada como él. Pero hasta que la sesión cinematográfica no terminase, no pasaban a cenar, generalmente bien pasada medianoche. Stalin que a lo largo de su vida fue paranoide llevó en sus últimos años de su vida sus sospechas al extremo, y gustaba de emborrachar a sus invitados para sonsacarles después y humillarles. Si Stalin decía que ya debía retirarse porque era muy mayor y ya no estaba capacitado para el cargo y su interlocutor asentía, sería lo último que haría en la vida. Si por el contrario, acertaba por casualidad a todas las trampas que Stalin ponía, el Jefe terminaba la fiesta con la sentencia de que llegaría el día en el que sobreviviría a todos ellos. El hijo de Nikita Jrushchov reconoce haber oído a su padre en más de una ocasión que al termino de aquellas veladas uno nunca sabía si se iría a su casa o a la cárcel sin más preguntas.

       El sábado 28 de Febrero de 1953, Stalin despachaba junto a Jrushchov, Beria, Malenkov y Bulganin, sus supuestos hombres de confianza, una botella de Vodka tras otra. Cuando hubieron terminado se retiró a su habitación a altas horas de la noche. Horas después, el nuevo jefe de seguridad del dictador informó que el Jefe había dicho que aquella noche no quería vigilancia, harto extraño con su constante paranoia, pero sus guardaespaldas no dudaron y se fueron cada uno a su camastro. A la mañana siguiente Stalin no salía de su cuarto. Toda la servidumbre estaba ahí y sabían del insomnio del Jefe, pero nadie tenía el valor suficiente como para entrar en la habitación sin permiso. Sólo existía una excepción, que llegó la tarde del día siguiente. El mayordomo personal de Stalin entro en la estancia del mandamas con la escusa de una carta del comité central. Se encontró el pequeño cuerpo del dictador tendido en el suelo, sobre un charco de orines y respirando con dificultad. Baria que se encontraba ahí desde la noche anterior ordenó que le pusieran en la cama, pero pasarían más de doce horas hasta que permitiese que viniese medico alguno a atender al moribundo. A las siete de la mañana del día siguiente la modesta dacha era un avispero de actividad en torno a un cuerpo que batallaba por sobrevivir. Sus médicos personales, los cuales eran los mejores especialistas de la unión soviética,  habían sido victimas de su última paranoia que pasaría a conocerse como "el complot de los médicos judíos". Así que los que le asistieron no solo no conocían personalmente al dictador, sino que aparte de llegar tarde estaban literalmente acojonados. Uno de ellos llegó a dictaminar a Beria que el dictador tenía un coagulo cerebral del tamaño de una moneda, y de haber sido avisados con un poco más de tiempo quizás hubiesen sido capaces de salvarlo. Pero al amanecer del cuarto día de batalla vomitó una gran cantidad de sangre. Eso no tenía nada que ver con un fallo cerebrovascular pero bajo la intimidatoria de Beria los médicos no dijeron nada, y el periódico oficial del régimen, el diario Pravda, no haría mención alguna al incidente. Pero vamos, que todos sabían que se trataba de un envenenamiento. Jamás se contemplo esta hipótesis por dos motivos, que los documentos médicos de los últimos días de Stalin en los que figuraba toda la evolución del georgiano al minuto; y el segundo motivo era quién en su sano juicio hubiese querido y podido asesinar al hombre más poderoso de esa mitad del planeta?

       Quizás Jruschev, que a pesar de ser un analfabeto de Ucrania, de los orígenes más humildes imaginables había llegado a gobernador de Moscú por méritos propios. Es decir, durante el día ejecutaba sospechosos de disidencia, de exaltación, de conspiración, y por la noche.... Ah, amigo. Él mismo dijo como justificación que "si Stalin pide que baile, un hombre juicioso ha de bailar" y a eso se dedicó los últimos años del Jefe. A danzar, cantar y humillarse como un vulgar bufón a petición de Stalin, que como a todos los psicópatas le encantaba ver cuan bajo podía caer una persona por salvar lo poco que tuviese, dejando de lado orgullo y decoro. Sí, Jruschev era lo suficientemente bajo para salvar la vida y dar continuidad a la obra del monstruo. Pero difícilmemte pudo ser él, ya que el constante miedo que experimentó en aquellos días lo tenía totalmente aterido.

        Quizás sus hijos. Su última esposa y madre de sus hijos, Nadezhda Alilúyeva, se había suicidado tras hacer público que no podía pasar un solo día más al lado del criminal de su marido. Esta acción podría parecer heroica de no ser que dejó sin su protección a sus hijos en manos del monstruo. Vasili había ascendido demasiado rápido e inmerecídamente al rango de general por ser hijo de quien era, así que sus fiascos militares habían sido demasiado sonados. Y a esto le acompañó su condición de amedrentado alcohólico, que no era capaz de articular dos palabras en presencia de su padre, mientras que a la espalda de éste, blandiendo el mote Stalin, que nunca fue un apellido sino un código de guerra de su padre que significa Acero, sedujo a todas las mujeres atractivas que había por seducir en la unión sovietica, hasta el día que fue demasiado lejos, y secuestró a la esposa de un general aprovechando que su propia esposa estaba fuera, durante una semana. Stalin degradó públicamente a su hijo por su conducta inmoral y le encerró en un cuarto como si de un niño aún se tratase. En las últimas horas de Stalin, Vasili rogaba por la vida de su padre, porque una vez muerto quién iba a protegerle??? nadie por supuesto. Así que una vez descartado pasamos a su hermana, Tenía Svetlana motivos para querer matar a su padre?. Cuando su madre se suicidó, Stalin comenzó a desterrar sumariamente a su familia política llegando a matar a casi la totalidad de ellos. Cuando Svetlana interpuso en su favor, Stalin no dudó en amenazarla a ella también con las frías y desatendidas explanadas siberianas. Cuando el padre se enteró del primer romance de Svetlana, ella sufrió todo tipo de violencia verbal y física de su padre, pero su amiguete sí que sufrió los gulags en todo su horror, hasta el día en que fue ejecutado sin más cargo que el de amar a la hija del monstruo. Pero por muy raro que parezca ninguno de los dos quería la muerte de Stalin, Vasili era consciente de que sin su padre no viviría mucho, y Svetlana aún muy a su pesar quería a su padre.

         Quizás Molotov, compañero inseparable desde el comienzo de la revolución. Juntos habían subido al poder, juntos iban con las respectivas familias de vacaciones, a pasar los fines de semana. Juntos redactaban las interminables listas de deportaciones y ejecuciones, peor aún, Stalin dictaba los nombres y Molotov añadía los de los familiares para que el castigo resultase ejemplar. Se puede decir que Molotov era más Stalinista que Stalin. Hasta el mismo año de la muerte del dictador en la que una acusación abierta de traición en el diario Pravda suponía la caída en desgracia del ministro. A esto se juntó que la mujer de Molotov. Polina, era judía y a raíz del complot de los médicos judios Stalin obligó a su otrora amigo a divorciarse de ella bajo falsas acusaciones de perversión supuéstamente obtenidas del servicio secreto. El día que Stalin celebraba su último cumpleaños coincidía con la fecha de deportación de Polina. Molotov ya en desgracia entro en la fiesta sin invitación para rogar a su amigo clemencia. Stalin ni le recibió. Molotov tenía más que motivos para asesinar a Stalin, pero no lo hizo por dos motivos, el primero porque no estuvo presente el día que el Jefe entró en coma, y segundo que pese a todo, Molotov era el seguidor más devoto y fanático de Stalin, con lo que la idea de si quiera hacerle daño nunca pasó por su cabeza.   

        Y por último Beria. Es curioso cómo los monstruos se rodean de otros monstruos peores para poder dar un poco de virtud a su vida. Y Beria era el monstruo por antonomasia. Era frío, calculador, asesino en serie, mataba a quien Stalin le ordenaba matar, como Stalin deseaba que se hiciese, torturaba sin problemas ni mala conciencia. Además era un pervertido que recogía mujeres con su limusina negra, para posteriormente violarlas y asesinarlas. Pero llevaba el lado más oscuro del gobierno a la perfección y a todo el mundo bajo la lupa de su servicio secreto. Pero a diferencia de los anteriores, Beria odiaba a Stalin y lo odiaba con toda su alma. Si Stalin no juzgó a Beria era porque también temía su poder. Poco antes de morir, Bería mando ejecutar al que había sido jefe de guardaespaldas de Stalin durante más de veinte años y el jefe no objetó nada. Puso en su puesto a un hombre de su confianza, el mismo que hizo retirar la guardia la noche del envenenamiento. Y que hizo de choffer de un Beria jubiloso en el momento que Stalin murió. En el entierro de Stalin, Beria se dirigió a Jrushchev y le susurró "me debéis una, yo me encargué de él".

       Y aunque parece con estas evidencias que Beria fue en verdad el asesino no esta claro del todo que en verdad fuese él, o simplemente se apuntase el tanto para tener al resto de principales dirigentes del gran estado soviético de su parte en una posible sucesión. Quienquiera que le matase solo cometió un error, esperar demasiado tiempo, y tenía más de cincuenta millones de razones para darle matarile a aquel campesino georgiano que en su día entró en el seminario como vía de escape del duro mundo rural y acabó como uno de los mayores monstruos que ha visto la faz de la tierra. El cadáver de Stalin se embalsamó y se puso al lado del de Lennin representando a los grandes padres de la patria. Pero una vez Jrushchev se hizo con el timonel le devolvió los insultos retirandolo del lado de la plaza roja. Pero esa SERÁ OTRA HISTORIA.