martes, 27 de diciembre de 2016

"Obstinadillo" y Cenizo


"Cuando el camino es corto, hasta los burros llegan"
Proverbio español


      EL NUEVO MUNDO era sueño de aventureros, desesperados y furtivos de la España del siglo XVI. Una ocasión única de salir de la miseria y hacer fortuna en tierras donde el oro salía del suelo como si fuesen patatas, o al menos, eso pensaban. Nuestro protagonista de hoy, Álvar (Álvaro hoy en día) Nuñez Cabeza de Vaca era uno de esos soñadores. Provenía de una familia hidalga venida a menos. A pesar de no tener fortuna, su posición le permitió aprender a escribir y a leer, aparte de manejar las matemáticas con cierta soltura, lo que para la fecha, le hacía una persona intelectualmente cultivada. Después de unos años probando su suerte en el ejercito sin pena ni gloria, ingresó en la nomina de empleados del Duque de Medina Sidonia como camarero mayor (una especie de secretario personal). Allí paso unos años desahogado, con una posición de cierta relevancia, pero al bueno de Cabeza de Vaca no le llenó demasiado. Aprovechando su posición e influencia, se enroló en 1527 como tesorero mayor en una expedición de conquista con destino la Florida dirigida por Pánfilo de Narváez. La Florida, a pesar de su cercanía con Cuba, había sido una empresa ruinosa para los exploradores españoles. Los indios apalaches eran muy hostiles y cualquier intento de conquista había terminado en masacre. Pues Pánfilo de Narváez, que hacía honor a su nombre ya que era absolutamente idiota, se creyó capaz de llevar a cabo la empresa, así que uso el peso de su apellido y la fortuna para encabezar una expedición de setecientos soldados, un autentico ejercito para la época, si consideramos que Hernán Cortes tomo Tenochtitlan con apenas la mitad de hombres. Cuando llegaron a Cuba, la falta de liderazgo y crueldad de Narváez, le valió que la mitad de la tripulación desertase, así que cuando partieron rumbo a La Florida, apenas contaba con trecientos hombres aunque aún así era una expedición de notable fuerza. Trataron varias veces de arribar a las costas, pero cada intento de asentamiento en la costa fue recibida por un comité de bienvenida apalache que les obligaba a tomar de nuevo los barcos y huir mar adentro a lamerse las heridas. Entonces a Pánfilo de Narváez se le ocurrió una estupidez supina: desmantelar sus barcos y convertirlos en barcazas de remo para así remontar el río San Marcos e intentar la conquista desde tierra adentro. Pues llegó una tormenta y hundió las barcazas. Los apalaches, supongo que partiéndose de risa por el espectáculo, sacaban filo a sus armas esperando a que los náufragos llegasen a la costa para mandar al otro barrio a la mayoría y esclavizar al resto. Así acabó la expedición de conquista de La Florida y así acabo Cabeza de Vaca como esclavo de los indios.  

       Seis años de calamidades pasó nuestro personaje como esclavo de un chamán que le torturaba, le malnutría y le propinaba horribles palizas. Pero Cabeza de Vaca que no era tonto, aprovechó el tiempo para aprender los rudimentos de los curanderos indígenas así como su idioma, todo lo relacionado a plantas curativas, danzas, potingues, humos y demás parafernalias. Cuando no pudo más con la vida de esclavo, aprovechando un descuido de los indios que ya habían bajado el nivel de vigilancia, Cabeza de Vaca huyó. El problema era que no sabía hacia donde ir, si huía hacia el sur se daba de lleno con los apalaches, hacia el este estaba el mar y el norte era completamente desconocido. Así que sin saber exactamente donde estaba, decidió que si enfilaba sus pasos hacía el Oeste, tarde o temprano llegaría a México, con la esperanza de que las empresas españolas hubiesen conquistado ya la zona. Curiosidades de la vida, cuando llevaba unos días de marcha sin descanso, se topó con tres supervivientes de su expedición que también habían huido, dos españoles y un esclavo negro. Juntos y siguiendo la lógica de Cabeza de Vaca decidieron seguir el plan de andar hacía el Oeste, pero pronto su plan de huida se vio truncado por el tropiezo con indígenas que los hicieron de nuevo presos. Los confinaron a una tienda para ser ejecutados. En la desesperación previa a la muerte decidieron como buenos cristianos viejos ponerse a rezar. Los indios que al verlo creyeron que se trataba de algún tipo de ritual llevaron a Cabeza de Vaca a una tienda donde estaba moribundo el hijo del jefe. Álvaro Nuñez atónito se puso a rezar en latín en voz alta, y más probable que por efecto placebo que por intervención divina el enfermo sanó. Los indios no daban crédito, ninguno de sus curanderos habían dado con la cura, ¡menudos poderes que tenían estos magos de piel blanca!. En agradecimiento fueron liberados, pero no andarían mucho antes de toparse con otros indios. La diferencia es que estos eran de una tribu vecina y les estaban buscando por que habían oído de los magníficos poderes de los extranjeros. Cabeza de Vaca se cuidó mucho de no decirles la verdad no fuera que les sentase mal a los indios que les hubiesen tomado el pelo. Fueron conducidos de nuevo ante un moribundo el cual tenía una punta de flecha en el corazón. Esta vez el falso curandero empleó lo que había aprendido de su primer captor, adornándolo con humos y avemarías y consiguió extraer la flecha y curar al herido. Emprendieron de nuevo su marcha hacia el Oeste, pero esta vez seguidos por un grupo de indios que admirando sus supuestos poderes creían que estarían bajo la protección de aquellos hombre "poderosísimo". A medida que andaban nuevos enfermos fueron saliéndoles al paso y la comitiva se hizo más y más numerosa. Estos indios no solo proporcionaban protección y alimentos a los españoles sino que además les empezaron a dar piedras preciosas. Así que después de dos años de marcha, habiendo cruzado medio continente americano, se toparon con una expedición de españoles que tenían un asentamiento en Culiacán, actual Nuevo México. Los exploradores no conseguían dar crédito a lo que Cabeza de Vaca les contaba de cómo había cruzado toda una zona desconocida y hostil desde La Florida hasta Nuevo México, pero no les prestaron demasiada atención a la historia ya que estaban desconcertados por los centenares de indios que les seguían. A pesar de las súplicas de Cabeza de Vaca, los destacados españoles no querían a los indígenas y los pasaron a todos por la espada y el mosquete. Para Álvaro Núñez Cabeza de Vaca aquella gente le había salvado la vida, había convivido con ellos, les había conocido no como gente sanguinaria y despiadada, hasta había tenido relaciones con una indígena que le había dado dos hijos durante la marcha. Ya en territorio español y con una enorme saca de piedras preciosas se había convertido en un hombre inmensamente rico. No solo eso sino que además lo rocambolesco e increíble de sus peripecias le hizo muy famoso a su regreso a España.    

       Tanto fue así que el rey Carlos I le nombró Adelantado y Gobernador del Río de la Plata. Aquella zona recién conquistada por Martínez de Irala no era tan rica como pudieran ser los asentamientos del Perú o México, pero era un cargo de gobernación, ¡Quién se lo iba a decir a Cabeza de Vaca que solo unos años eran un esclavo esperando la muerte!. Uso su enorme fortuna para crear una flota y un ejercito y llegar a su puesto como un gran señor. Así en 1540 salió de Cadiz rumbo a la Argentina. Todo se le ponía de cara, iba a ser un gran señor, con una gran fama y una gran fortuna, el sueño de todo conquistador había salido a pedir de boca. Pero en el sur de Brasil, en el actual estado de Santa Catarina sus barcos naufragaron de nuevo, y llegó a las costas cómo otrora hiciese en La Florida, solo con lo puesto en terreno hostil y relativamente desconocido. Y como no, en vez de esperar ayuda o a que pasase otro barco, el bueno de Cabeza de Vaca se echó a andar. Y lo hizo durante casi un año y medio, cruzando el sur de Brasil, Uruguay, Paraguay y entrando en Argentina. Así llegó a su gobernación, harapiento, tostado por el sol y sin notificación alguna por parte de los locales. El recibimiento no fue para nada cordial, sino todo lo contrario. Depuso al anterior gobernador y todos los locales eran fieles a su anterior capitán y conquistador de esas tierras. Debido a su relación con los indios de américa del norte su concepto de los salvajes era mucho más humano que el del resto de los españoles, pero los guaranies eran harina de otro costal, mucho más violentos y completamente reacios a ser conquistados. Cabeza de Vaca tuvo grandes problemas manteniendo el cumplimento de las Leyes Indias que protegían a los indígenas de los abusos de los conquistadores y su constante cacería para ser esclavizados. Hizo numerosas incursiones para buscar asentamientos para fundar nuevas ciudades, pero lo agreste del terreno y la hostilidad de los indios conseguía que cada intento se convirtiese en una lista de bajas definitivas en el censo de los exploradores españoles. Lo único notable de las andanzas de Cabeza de Vaca en américa del sur fue el descubrimiento de las cataratas de Iguazú. La suerte de Álvaro Núñez llegó a su fin en 1544 tras una sublevación. Los indios habían matado en un ataque a varios cientos de españoles y la indecisión de Cabeza de Vaca para atacar a los nativos le valió una condena de traición y un viaje de vuelta a España cargado de grilletes y collejas por parte de sus enemigos en la Argentina. Lo poco que le había quedado de fortuna se lo arrebataron a modo de multa y fue condenado a la prisión de Orán a una pena de ocho años como soldado sin sueldo gracias a su condición de hidalguía. Y ahí se le pierde la pista. Hay escritos que contradicen unos a otros, unos dicen que murió en Sevilla donde empezó ya anciano una vida de mercader, otros dicen que tomó los hábitos y murió en un convento, e incluso el Inca Garcilaso afirma que murió en Valladolid. Y así termina la aventura de un aventurero español que no habría sido conocida de no haberla dictado y haber sido publicada en formato de pequeño libro llamado Naufragios, una lectura muy recomendable que no lleva más de una tarde. Una de tantas historias de sueños truncados de tantos y tantos expedicionarios, pero eso seguramente SERÁ OTRA HISTORIA.
       

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