miércoles, 28 de diciembre de 2016

Crónicas de Sangre: La Mesalina del Índico


"...Rociando tu templo con la sangre de tus criaturas,
 mancillándolo con horrores e infámias, 
con ferocidades dignas de los caníbales
es como varias generaciones de hombres sobre la Tierra 
han creído cumplir tus deseos y agradar a tu justicia."
Marqués de Sade

       SU NOMBRE COMPLETO ERA Rabodoandrianampoinimerina, Ramavo para los amigos. Con este personaje relativamente desconocido quiero inaugurar esta nueva sección en la que revisaremos algunos de los monstruos más dementes de la historia. A finales del siglo XVIII el globo terráqueo estaba siendo dividido con escuadra y cartabón entre los imperios europeos, y la isla de Madagascar era una perita en dulce para las más grandes potencias, especialmente Francia e Inglaterra que tenían puestas sus miras en África, Asia y Oceanía mientras españoles y portugueses batallaban por el control del otro lado del atlántico. La isla, rica en recursos naturales, madera y metales, la cuarta isla más grande del mundo estaba además en una zona de incomparable poder estratégico al dominar la entrada por mar al índico. Para mayor facilidad para los colonos Madagascar estaba dividida en varios reinos beligerantes separados principalmente en dos etnias: betsileos que ocupaban la costa oriental de la isla, y los Imerinos de las zonas altas centrales. Nuestra protagonista procedía de esta segundo grupo, nacida en Ambatomanoina en 1782, fue regalada por su padre al rey Andrianampoimerina como premio por unir al pueblo Imerino e instaurar el reino de Ambohimanga. El rey aceptó el regalo de buen grado adoptando a Ramavo para poder casarla con su hijo, el príncipe Radama. Cuando en 1810 Andrianampoimerina murió victima de su afición por empinar el codo, el joven príncipe Radama asumió el reino. Aprovechando que ingleses y franceses andaban a tortas por todos los mares del mundo y queriendo dar un aire civilizado a la isla llegó a acuerdos con ambas potencias para que pudieran hacer uso de la isla. Además permitió o invitó a misioneros protestantes a evangelizar a los malgaches. Abolió la esclavitud aunque solo sobre el papel, y gracias a sus buenas relaciones, sobre todo con los ingleses se hizo con un moderno arsenal armamentístico con lo que emprendió la conquista de los reinos colindantes para casi unificar la isla bajo su trono. Ramavo que era analfabeta pero gozaba en una gran inteligencia practica se horrorizaba con la incursión foranea y sobre todo con la propagación del cristianismo relevando a las ancestrales creencias del país. No solo estaba descontenta en lo político, social y religioso, sino que en lo personal Radama era incapaz de darle un hijo, lo que la hizo buscar hombres más potentes en la clandestinidad. En 1928 Radama falleció, se sospecha que por envenenamiento a manos de su esposa, y Ramavo ejerció la regencia, pasando a ser conocida como Ranavalona I, primera reina del país en toda su historia.

      La flamante reina se frotaba las manos. Ahora gozaría de poder de hacer y deshacer, solamente tenía un inconveniente. Su prima oficialmente tenía más derecho dinástico que ella para ejercer el poder, y como sus creencias animistas dictaban que caería una maldición sobre aquel que matase a alguien de sangre real (como lo del veneno es una teoría la muerte de Radama no cuenta) optó por dejarla morir de hambre, cosa que no la llevó demasiado esfuerzo. Librada de este pequeño escollo dio su siguiente paso para asentar su poder, se presentó a su reino no como soberana, si no como Diosa en vida, y mira que curioso, la gente no lo dudó. Llevó a cabo prácticas religiosas tan curiosas como los Baños de la Reina, que consistía en una tarima donde se ponía una bañera y a los ojos de los fieles Ranavalona era lavada, peinada y depilada por sirvientes. Cuando el aseo terminaba, los fieles se agolpaban bajo la tarima para que le derramasen el agua sucia del baño para ser bendecidos.
Una vez asentado su poder regio y divino dio el siguiente paso, la expulsión sin juicio de todos los extranjeros y no nativos del país, ruptura total de los acuerdos comerciales con ingleses y franceses, y la persecución de posibles detractores y cristianos. Sus métodos de contra-evangelización eran tan poco sutiles como efectivos. Comenzó tirando a los supuestos opositores por los acantilados. A los conversos les hacía pasar por el juicio de Dios, que era darles una copa con veneno, si sobrevivían (que ninguno lo hacía) sería por gracia de los dioses de toda la vida, si no era justo castigo por herejes. La "gracieta" del veneno, rápido cansó las macabras ansias de dolor de la reina y empezó a usar otros métodos, como hacer cruzar a nado a los juzgados por estanques infestados de cocodrilos, soltarles cubiertos de pieles ensangrentadas a una jauría de perros hambrientos, atarles desnudos a la intemperie para que bien las bestias o la inanición acabasen con ellos y todo tipo de perrerías. Su sadismo llegó al culmen cuando decidió escaldar a sus victimas colgándoles con una cuerda dentro de un pozo que llenaban después de agua hirviendo. Los vapores hacían que la piel se separase del cuerpo, impensable un dolor mayor, y si sobrevivían arriba les decapitaban. Consiguió horrorizar tanto, que su propio hijo Radama II (que no era hijo de Radama I, pues nació mas de nueve meses más tarde de muerte del padre oficial, pero viendo como se las gastaba la madre cualquiera la contradecía) llegó a un acuerdo con Napoleón III y con los ingleses para que pusiesen fin a la barbarie de su madre invadiendo la Isla. A pesar de no tener conocimientos militares pero si de la orografía de su país, consiguió que la invasión franco inglesa fuese una masacre. No solo repelió el ataque sino que como aviso a navegantes y protección de los dioses colgó las cabezas de los europeos en picas que se esparcieron por todas las playas de la Isla. Lamiéndose las heridas ingleses y franceses consideraron que había otros sitios más cómodos para invadir. Y así Ranavalona I de Madagascar no volvió a ser molestada. Se estima que su cólera y odio se cobró la vida de la mitad de los habitantes de Madagascar, cerca de un millón y medio de victimas cruelmente asesinadas por una voracidad sin igual que dio pie a que Ramavo, después Ranavalona, pasase a ser llamada "La Caligula de África", "La Mesalina de Madagascar", "La Bloody Mary de Madagascar" o "La Reina más loca de la historia". Aunque en la proporción de monstruos históricos son más los hombres que las mujeres, estas tienen su espacio también, pero eso SERÁ OTRA HISTORIA 

martes, 27 de diciembre de 2016

"Obstinadillo" y Cenizo


"Cuando el camino es corto, hasta los burros llegan"
Proverbio español


      EL NUEVO MUNDO era sueño de aventureros, desesperados y furtivos de la España del siglo XVI. Una ocasión única de salir de la miseria y hacer fortuna en tierras donde el oro salía del suelo como si fuesen patatas, o al menos, eso pensaban. Nuestro protagonista de hoy, Álvar (Álvaro hoy en día) Nuñez Cabeza de Vaca era uno de esos soñadores. Provenía de una familia hidalga venida a menos. A pesar de no tener fortuna, su posición le permitió aprender a escribir y a leer, aparte de manejar las matemáticas con cierta soltura, lo que para la fecha, le hacía una persona intelectualmente cultivada. Después de unos años probando su suerte en el ejercito sin pena ni gloria, ingresó en la nomina de empleados del Duque de Medina Sidonia como camarero mayor (una especie de secretario personal). Allí paso unos años desahogado, con una posición de cierta relevancia, pero al bueno de Cabeza de Vaca no le llenó demasiado. Aprovechando su posición e influencia, se enroló en 1527 como tesorero mayor en una expedición de conquista con destino la Florida dirigida por Pánfilo de Narváez. La Florida, a pesar de su cercanía con Cuba, había sido una empresa ruinosa para los exploradores españoles. Los indios apalaches eran muy hostiles y cualquier intento de conquista había terminado en masacre. Pues Pánfilo de Narváez, que hacía honor a su nombre ya que era absolutamente idiota, se creyó capaz de llevar a cabo la empresa, así que uso el peso de su apellido y la fortuna para encabezar una expedición de setecientos soldados, un autentico ejercito para la época, si consideramos que Hernán Cortes tomo Tenochtitlan con apenas la mitad de hombres. Cuando llegaron a Cuba, la falta de liderazgo y crueldad de Narváez, le valió que la mitad de la tripulación desertase, así que cuando partieron rumbo a La Florida, apenas contaba con trecientos hombres aunque aún así era una expedición de notable fuerza. Trataron varias veces de arribar a las costas, pero cada intento de asentamiento en la costa fue recibida por un comité de bienvenida apalache que les obligaba a tomar de nuevo los barcos y huir mar adentro a lamerse las heridas. Entonces a Pánfilo de Narváez se le ocurrió una estupidez supina: desmantelar sus barcos y convertirlos en barcazas de remo para así remontar el río San Marcos e intentar la conquista desde tierra adentro. Pues llegó una tormenta y hundió las barcazas. Los apalaches, supongo que partiéndose de risa por el espectáculo, sacaban filo a sus armas esperando a que los náufragos llegasen a la costa para mandar al otro barrio a la mayoría y esclavizar al resto. Así acabó la expedición de conquista de La Florida y así acabo Cabeza de Vaca como esclavo de los indios.  

       Seis años de calamidades pasó nuestro personaje como esclavo de un chamán que le torturaba, le malnutría y le propinaba horribles palizas. Pero Cabeza de Vaca que no era tonto, aprovechó el tiempo para aprender los rudimentos de los curanderos indígenas así como su idioma, todo lo relacionado a plantas curativas, danzas, potingues, humos y demás parafernalias. Cuando no pudo más con la vida de esclavo, aprovechando un descuido de los indios que ya habían bajado el nivel de vigilancia, Cabeza de Vaca huyó. El problema era que no sabía hacia donde ir, si huía hacia el sur se daba de lleno con los apalaches, hacia el este estaba el mar y el norte era completamente desconocido. Así que sin saber exactamente donde estaba, decidió que si enfilaba sus pasos hacía el Oeste, tarde o temprano llegaría a México, con la esperanza de que las empresas españolas hubiesen conquistado ya la zona. Curiosidades de la vida, cuando llevaba unos días de marcha sin descanso, se topó con tres supervivientes de su expedición que también habían huido, dos españoles y un esclavo negro. Juntos y siguiendo la lógica de Cabeza de Vaca decidieron seguir el plan de andar hacía el Oeste, pero pronto su plan de huida se vio truncado por el tropiezo con indígenas que los hicieron de nuevo presos. Los confinaron a una tienda para ser ejecutados. En la desesperación previa a la muerte decidieron como buenos cristianos viejos ponerse a rezar. Los indios que al verlo creyeron que se trataba de algún tipo de ritual llevaron a Cabeza de Vaca a una tienda donde estaba moribundo el hijo del jefe. Álvaro Nuñez atónito se puso a rezar en latín en voz alta, y más probable que por efecto placebo que por intervención divina el enfermo sanó. Los indios no daban crédito, ninguno de sus curanderos habían dado con la cura, ¡menudos poderes que tenían estos magos de piel blanca!. En agradecimiento fueron liberados, pero no andarían mucho antes de toparse con otros indios. La diferencia es que estos eran de una tribu vecina y les estaban buscando por que habían oído de los magníficos poderes de los extranjeros. Cabeza de Vaca se cuidó mucho de no decirles la verdad no fuera que les sentase mal a los indios que les hubiesen tomado el pelo. Fueron conducidos de nuevo ante un moribundo el cual tenía una punta de flecha en el corazón. Esta vez el falso curandero empleó lo que había aprendido de su primer captor, adornándolo con humos y avemarías y consiguió extraer la flecha y curar al herido. Emprendieron de nuevo su marcha hacia el Oeste, pero esta vez seguidos por un grupo de indios que admirando sus supuestos poderes creían que estarían bajo la protección de aquellos hombre "poderosísimo". A medida que andaban nuevos enfermos fueron saliéndoles al paso y la comitiva se hizo más y más numerosa. Estos indios no solo proporcionaban protección y alimentos a los españoles sino que además les empezaron a dar piedras preciosas. Así que después de dos años de marcha, habiendo cruzado medio continente americano, se toparon con una expedición de españoles que tenían un asentamiento en Culiacán, actual Nuevo México. Los exploradores no conseguían dar crédito a lo que Cabeza de Vaca les contaba de cómo había cruzado toda una zona desconocida y hostil desde La Florida hasta Nuevo México, pero no les prestaron demasiada atención a la historia ya que estaban desconcertados por los centenares de indios que les seguían. A pesar de las súplicas de Cabeza de Vaca, los destacados españoles no querían a los indígenas y los pasaron a todos por la espada y el mosquete. Para Álvaro Núñez Cabeza de Vaca aquella gente le había salvado la vida, había convivido con ellos, les había conocido no como gente sanguinaria y despiadada, hasta había tenido relaciones con una indígena que le había dado dos hijos durante la marcha. Ya en territorio español y con una enorme saca de piedras preciosas se había convertido en un hombre inmensamente rico. No solo eso sino que además lo rocambolesco e increíble de sus peripecias le hizo muy famoso a su regreso a España.    

       Tanto fue así que el rey Carlos I le nombró Adelantado y Gobernador del Río de la Plata. Aquella zona recién conquistada por Martínez de Irala no era tan rica como pudieran ser los asentamientos del Perú o México, pero era un cargo de gobernación, ¡Quién se lo iba a decir a Cabeza de Vaca que solo unos años eran un esclavo esperando la muerte!. Uso su enorme fortuna para crear una flota y un ejercito y llegar a su puesto como un gran señor. Así en 1540 salió de Cadiz rumbo a la Argentina. Todo se le ponía de cara, iba a ser un gran señor, con una gran fama y una gran fortuna, el sueño de todo conquistador había salido a pedir de boca. Pero en el sur de Brasil, en el actual estado de Santa Catarina sus barcos naufragaron de nuevo, y llegó a las costas cómo otrora hiciese en La Florida, solo con lo puesto en terreno hostil y relativamente desconocido. Y como no, en vez de esperar ayuda o a que pasase otro barco, el bueno de Cabeza de Vaca se echó a andar. Y lo hizo durante casi un año y medio, cruzando el sur de Brasil, Uruguay, Paraguay y entrando en Argentina. Así llegó a su gobernación, harapiento, tostado por el sol y sin notificación alguna por parte de los locales. El recibimiento no fue para nada cordial, sino todo lo contrario. Depuso al anterior gobernador y todos los locales eran fieles a su anterior capitán y conquistador de esas tierras. Debido a su relación con los indios de américa del norte su concepto de los salvajes era mucho más humano que el del resto de los españoles, pero los guaranies eran harina de otro costal, mucho más violentos y completamente reacios a ser conquistados. Cabeza de Vaca tuvo grandes problemas manteniendo el cumplimento de las Leyes Indias que protegían a los indígenas de los abusos de los conquistadores y su constante cacería para ser esclavizados. Hizo numerosas incursiones para buscar asentamientos para fundar nuevas ciudades, pero lo agreste del terreno y la hostilidad de los indios conseguía que cada intento se convirtiese en una lista de bajas definitivas en el censo de los exploradores españoles. Lo único notable de las andanzas de Cabeza de Vaca en américa del sur fue el descubrimiento de las cataratas de Iguazú. La suerte de Álvaro Núñez llegó a su fin en 1544 tras una sublevación. Los indios habían matado en un ataque a varios cientos de españoles y la indecisión de Cabeza de Vaca para atacar a los nativos le valió una condena de traición y un viaje de vuelta a España cargado de grilletes y collejas por parte de sus enemigos en la Argentina. Lo poco que le había quedado de fortuna se lo arrebataron a modo de multa y fue condenado a la prisión de Orán a una pena de ocho años como soldado sin sueldo gracias a su condición de hidalguía. Y ahí se le pierde la pista. Hay escritos que contradicen unos a otros, unos dicen que murió en Sevilla donde empezó ya anciano una vida de mercader, otros dicen que tomó los hábitos y murió en un convento, e incluso el Inca Garcilaso afirma que murió en Valladolid. Y así termina la aventura de un aventurero español que no habría sido conocida de no haberla dictado y haber sido publicada en formato de pequeño libro llamado Naufragios, una lectura muy recomendable que no lleva más de una tarde. Una de tantas historias de sueños truncados de tantos y tantos expedicionarios, pero eso seguramente SERÁ OTRA HISTORIA.
       

domingo, 10 de abril de 2016

Historia en 12 Imágenes: Mamáyev Kurgán

"Las fotografías abren puertas al pasado, pero también permiten echar un vistazo al futuro"
Sally Mann

Este parque en la actual ciudad rusa de Volgogrado esta dedicado a la victoria de Stalingrado




La llama eterna que prende sempiterna en honor a los diez mil caídos en combate y enterrados en este gran túmulo


La "madre patria" mide casi noventa metros de alto, y para llegar a los pies de esta
magnífica estatua se suben doscientos escalones, que representan los doscientos días
que duró la batalla

Vasili Záitsev, francotirador soviético que rápido se convirtió en leyenda entre sus compatriotas y azote de las tropas enemigas 

Placa conmemorativa del 62º Ejercito






(Este artículo ha sido confeccionado escuchando el album "The Nothing Show" de "Idiot Flesh")

sábado, 2 de abril de 2016

Las Recetas del Doctor Kellogg


"Masturbarse es hacer el amor a la persona que uno más quiere"
Woody Allen

       MENS SANA IN CORPORE SANO decía un latinajo acertado. Y para tener un cuerpo sano hace falta un control de los excesos, hacer deporte regularmente, tests médicos periódicos y una buena alimentación. Y para llevar a cabo esta última parte hay que seguir un consejo castellano viejo, desayunar como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo. Y un buen desayuno y ya para terminar esta escala descendente que parece que no va a ninguna parte, ha de tener lácteos, fruta, fiambre, zumos, yogur y cereales; y si hablamos de cereales hablamos de los Kellogg´s Corn Flakes. Internacionalmente conocidos y consumidos pequeños copos de maíz aplastados, tostados y azucarados. Consumidos en todas las mesas del mundo, los cereales del "gallo" pueden ser acompañados de leche, de yogur, azúcar, sin azúcar, con miel, con frutos secos, con cacao, con prácticamente cualquier cosa que la mente pueda imaginar, y llevan siendo los reyes de los desayunos desde hace más de cien años, desde el día en el que el cirujano adventista John Harvey Kellog ideó un alimento sano, ligero y suficientemente satisfactorio como para erradicar en los hombres el impulso a masturbarse.

        Los miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día son desde hace un siglo y medio una rama del cristianismo que se pasan unos a otros cómo si de una patata caliente se tratase, no son católicos, no son protestantes, ni calvinistas ni metodistas, son una forma extraña de fijistas que aparte de no alterar una sola línea del antiguo testamento como dogma y verdad absoluta exenta de juicio o interpretación teológica, que combinan con bastante arte sus sueños apocalípticos cómo una forma de acabar con el pecado con una sana alimentación. Corría finales del siglo XIX, EEUU, concretamente Michigan, ya hemos visto a vuelapluma cómo se las gastaban en Inglaterra por aquellos años, pero al otro lado del atlántico las cosas eran un poquito más variopintas. Los hermanos Kellogg eran adventistas hasta la médula, y tenían tanto pánico a pecar que se asume que el hermano que nos toca hoy, el doctor John Harvey Kellogg, murió célibe sin llegar a consumar el matrimonio hasta el punto de adoptar los hijos con tal de no caer ante el impulso natural de la carne. Ya había ganado cierto renombre en la zona cuando estuvo al frente del "Battle Creek Sanitarium", que era un híbrido indefinido de psiquiátrico, balneario y hospital tradicional regido de acuerdo con las creencias nutricionistas adventistas. J.H. Kellogg convencido de que una inestabilidad cerebral podía ser curada con una buena limpieza del intestino (casi "ná"!!!) inventó una máquina con la que depuraba los intestinos metiendo a una presión de casi un fueraborda agua tanto por la garganta como por el ano del paciente terminando con una gran dosis de yogur en el recto para que las bacterias del lácteo terminasen de depurar las entrañas del lunático.

        No se puede decir que J.H. Kellogg no tuviese absoluta convicción por su ciencia y su doctrina combinadas. Pero si había algo que odiase hasta el punto de resultar pecaminoso odiar era la masturbación. Ese instinto animal de darse placer a uno mismo le parecía tan monstruoso que llegó a calificarlo como "una perversión que colocaba al pecador por debajo del estatus de una serpiente", una forma cursi de llamarlo indigno y demoníaco. El doctor Kellogg, había ya escrito varias tesis contra la masturbación, proponiendo formas imaginativas a la par que eficaces (por el propio bien del paciente) como:

         Un saco bien prieto en torno a la zona genital para evitar tanto el tacto como casi la circulación...
         Un pequeño circuito de agua fría que una vez el miembro viril estuviese suficientemente estimulado liberase la descarga de gélido líquido en torno a los testículos (esta última solo fue teórica)...
         Un cinturón de castidad donde se insertaba el pene en una superficie rígida de metal que emulaba la postura flácida del miembro evitando así cualquier alternativa de erección...
         Un pequeño saco como un calcetín coronado por un final de cápsula de hierro con pinchos de metal hacia dentro para que perforasen el glande a medida que la excitación resultase irrefrenable...

         Así hasta más de una treintena de ideas completamente antinaturales para refrenar el instinto sexual, resumido con dos formulas absolutamente simples, en el caso de los varones rodear el glande en estado de reposo por un hilo de plata para que taponase de forma dolorosísima el flujo sanguíneo en el caso de los hombres, y para las mujeres (el buen doctor tenía para todos) rociar unas gotas de ácido sobre el clítoris de la pecadora. Todas estas descabelladas teorías y ejercicios de sadismo moralista se acompañaban de un "concienzudo" estudio de los alimentos que según los adventistas harían más fácil evitar la tentación. La carne era prácticamente pecado en sí misma, así que nada más inocente y nutritivo que el maíz (a pesar que algún pecador como Jack Daniel lo usase para hacer Whisky en Tennessee). Eso era el alimento perfecto, y de no ser por la intervención del hermano del doctor Kellogg, que interpuso su gran visión comercial a la inamovible convicción de aportar un alimento que frenaba el instinto a la masturbación, le añadieron azúcar. Hoy en día los cereales han evolucionado tanto como el concepto onanista, muy lejos de lo que el doctor Kellogg hubiese deseado, tan convencido, tan puro, tan miserable. El sexo ha evolucionado, a Dios gracias, contra todo tipo de barrera y limitación. Pero ese análisis será, como siempre acostumbra OTRA HISTORIA.

(La totalidad de este artículo ha sido escrito escuchando "Porgy and Bess" de Gershwin)    

miércoles, 30 de marzo de 2016

Curiosidades Paisajísticas: El Londres de Victoria


"Cuando se está cansado de Londres, se está cansado de la vida"
Samuel Johnson

       Y HAY TAN pocas ciudades que le dejen a uno tan poco indiferente como Londres. No es una ciudad, es un ser vivo que se va acostumbrando al siglo en que vive sin olvidarse del orgullo de sus raíces y sus tradiciones. Millones de turistas la visitan al año, y nunca falla escuchar a uno, una o varios que designan algo en la ciudad bajo el adjetivo "Victoriano": un juego de tazas de té victoriano en cualquier tienda de souvenirs; un edificio victoriano cuando pasas por toda la zona noble desde el distrito de Westminster hasta Hyde Park, una película que representa la Inglaterra victoriana todas aquellas en la que se ve la versión más británica de Anthony Hopkins en algún "manor" (estado o palacete) de un gran señor a principios del siglo XX. Y ahí radica el error, eso no es Victoriano, en todo caso sería "Edwardiano" ya que entra más en el reinado del hijo de la Gran Reina Victoria, máximo exponente del imperio británico. Si paseas por Kensington te encuentras el Albert Memorial, el Royal Albert and Victoria Museum, y el Royal Albert Hall. No hay nada más Victoriano que eso. La gran reina Victoria consolidaba el vasto imperio británico mientras lloraba la temprana muerte de su marido Albert, al que nunca dejó de querer. Nunca más se quitó el luto, y durante un tiempo le fue tan difícil aceptar la realidad que tenía a un asistente preparando diariamente ropa, baños, desayuno y agenda del consorte real como si este siguiese vivo. Poco a poco fue diluyendo su recuerdo en whiskey, pero no en el "agua de vida" (uische beatha, en gaélico) que era lo que la gente sofisticada bebía, sino por el whisky escocés y claro, como ella era la reina, la tendencia cambió para siempre. Victoria fue la primera inquilina del palacio de Buckingham, la que pasaría a ser a partir de ese momento la residencia oficial de los reyes de Inglaterra, pero ese glamour distaba mucho de la ciudad de Londres, así que bajaremos un peldaño.

       El Londres de Oscar Wilde, que a pesar de ser un ilustre irlandés (imperio británico por aquella época) no tuvo reparos de encontrarse casi como en casa junto a la alta burguesía británica, los clubes sociales donde los caballeros atendían su vida social y discutían de el avance del imperio y sus asuntos personales. Un Londres muy distante de cualquier tipo de sistema judicial, ya que con un "Lord" delante del apellido se llegaba mucho más lejos que con un nombre bonito. Donde los impuestos por renta y propiedades eran tan bajos que la clase pudiente era simplemente incapaz de dilapidar sus rentas sin incrementar sus riquezas. Un mundo donde un oficial del ejército tan incapaz como Lord Cardigan podía mandar a la muerte a toda la caballería ligera en la guerra de Crimea e irse después de la masacre a su yate a beber bien y comer caviar, sin temer que un consejo de guerra le juzgase por inepto de vuelta a Inglaterra. Al contrario, su chaqueta de lana para evitar el frío en la península ucraniana fue replicada y vendida por toda Inglaterra como churros. Es lo que ahora se conoce como rebeca o cardigan, como se le sigue llamando hoy en día por tierras anglosajonas. Pero también era un Londres de una ciencia con vaivenes. Tan pronto era tan seria como para inaugurar la central de los naturalistas cerca del monumento al difunto Albert, la National Geographic, como investigaba medicina al más puro estilo de "prueba-error". Por poner un ejemplo muy curioso y muy de Wilde, la sociedad puritana era terrible en cuanto a sexualidad se refiere. Entonces, como le puede pasar a cualquier persona insatisfecha en ese terreno, puede producir cierto estrés. A mediados del siglo diecinueve eso se denominaba Histeria Femenina. La palabra histeria tiene origen griego y quiere decir útero, y por aquellos días se consideraba el útero como una especie de órgano abstracto que se iba moviendo por el cuerpo de la mujer. Queda aclarar en este punto que estas cosas por muy raras que parezcan no me las estoy inventando, dicho esto seguimos. La única forma aparente de calmar los humores de la histeria era un masaje en la vulva de la mujer, buscando lo que los especialistas llamaban un "paroxismo histérico" a lo que hoy llamaríamos un orgasmo, pero como los especialistas estaban convencidos de que una mujer era incapaz de disfrutar de un orgasmo sin la penetración del órgano sexual masculino, le daban y le daban al brazo de la paciente que lejos de disfrutar abiertamente iban acompañadas de sus maridos, sus madres o algún familiar cercano. Esto hacía que la consecución del "paroxismo" fuese muy trabajosa. Hasta el día que un Dr. Mortimer Grandville, harto de darle al brazo inventase una máquina a vapor para hacerse cargo del masaje. Lo que fue una revolución terapéutica disponible en cualquier tienda para aliviar la "histeria" hoy lo llamamos vibrador o consolador. Cómo cambia el cuento. Pero eso era la alta sociedad, bajemos otro escalón.

       El Londres de la escasa clase media de Lewis Carroll. Por todos es querida la obra de Carroll en la que Alicia con más ignorancia que ingenio desafía lo onírico del mundo abstracto y psicotrópico de las maravillas. En especial hay un personaje al que todos queremos. El sombrerero. Pues si en España el grado de locura llega a su zenit en la forma de una cabra, en Inglaterra se dice que "estás más loco que un sombrerero". Y efectivamente estaban locos, porque para hacer manejables los gorros de piel de castor, los cuales exportaron por cientos de miles al año hasta que acabaron con todos los castores europeos, bañaban los cueros en nitrato de mercurio. Esos baños eran tan volátiles como ponzoñosos, y rápido los sombreros perdían los dientes, el habla y la razón entre fuertes temblores y convulsiones. Pero habían otras profesiones tan extrañas como rentables. Estaba la del "salchichero", que no es que hiciese embutidos, sino porras de distintos materiales y tamaños, que en función del daño que pudiese ejercer subía el precio y eran muy preciadas por los maleantes londinenses porque se escondían fácilmente en las mangas de las chaquetas. De todas formas, Londres contaba con un cuerpo de apenas seis mil hombres para una ciudad de cinco millones de habitantes en mitad del siglo XIX, así que no hacía falta esconderla demasiado. Otra profesión curiosa era la de los cazadores de ratas, que iban por las grandes casas de campo ofreciendo eliminar las plagas de roedores por un precio muy bajo con la condición de dejarles llevar las ratas vivas. Y tenía su explicación. En los Pubs londinenses eran muy comunes las peleas de perros contra ratas para entretenimiento y apuestas, y las ratas de campo presentaban mejor batalla que las de ciudad y eran mucho más limpias con lo que en caso de mordedura al perro no le pasarían enfermedades. Era tan común este espectáculo que en una semana normal de negocio un tabernero podía comprar dos mil ratas a los cazadores.

        Y por último el Londres de Marx y de la clase obrera y la revolución industrial (de esta última hablaremos en otro capitulo), una ciudad oscura, donde las casas se hacinaban en estrechos y malolientes calles y callejuelas donde apenas se podía ver lo que ellos mismos llamaban "puré de guisantes" que no es que fuese niebla, sino el hollín del carbón de fabricas y estufas que junto a la humedad creaba una película insalubre que no permitía visibilidad a más de viente metros. La gente venía a trabajar a las fábricas sin un lugar donde caer muerto. Quién traía algo de dinero podía dormir en palomares con otros veinte individuos. El que traía un poco menos dormía en lo que se llamaban los "hoteles de las arcadas" que eran tugurios bajo los arcos de las vías de los trenes, y el que menos tenía se iba a la zona del puerto en el extremo este de la ciudad, donde por un penique les pasaban una cuerda por dejado de los sobacos y los colgaban como jamones, era lo que se llamaba sin demasiada imaginación "colgados de a penique". A Londres venían del orden de un millar de personas al día, y la tasa de mortalidad rondaba los tres mil al día. Esto hacía que el de Pompas fúnebres fuese uno de los mayores negocios. Uno de los productos más vendidos fue el ataúd de Bateson, un hipocondríaco que lo que más temía en el mundo era ser enterrado vivo por culpa de una catalepsia o un coma. Así que inventó este sencillo sarcófago de madera, con respiradores a los lados y un sistema de campanas en el exterior directamente conectadas a la muñeca del supuesto muerto, así si resucitaba podían oírle en el exterior. De ahí ha llegado a nuestros días la expresión "salvado por la campana". A pesar de hacer una inmensa fortuna con este sistema y haber sido reconocido como Caballero por la reina en persona, esto no calmó el pánico de Bateson, que al más puro estilo Poe, en un ataque de pánico a ser enterrado vivo, una noche en su taller se roció aceite de lino y se inmoló. Era una era miserable, donde los niños trabajaban como deshollinadores y en las minas desde los escasos cinco años, veinte horas al día. El trabajo en la minería era algo más que una necesidad por que con la revolución industrial se había llegado casi a talar la totalidad de los arboles en Inglaterra en apenas veinte años. Pero eso a Victoria no le interesaba, solamente se ocupaba del Imperio y de llorar a Albert. Durante su reinado se inauguró la plaza de Trafalgar, el "Tower Bridge" y un fabuloso monumento en el anteriormente mencionado y querido (para mí personalmente) barrio de Kengsington, miles morían al día en el corazón de la cruz de San Jorge pero Victoria solo lloraba a uno, ese fue su legado junto a la hemofilia de sus descendientes que pasó a infectar a todas las casas reales de Europa. Hasta finales del siglo, en el que una serie de extraños asesinatos se dieron lugar en la miserable zona de East End (en 2012 se hicieron los Juegos Olímpicos ahí, mira si cambia el cuento), cruentos homicidios que dieron a luz al siglo XX, al nuevo periodismo y a los sistemas de investigación policiales. Pero eso SERÁ OTRA HISTORIA.

viernes, 11 de marzo de 2016

De Inteligencia No Puede Ser


"Incluso los monos se caen de los arboles"
Proverbio japones

       LA HISTORIA DE HOY roza lo rocambolesco, y puede resultar difícil de creer. Pero pasó. En los años sesenta, en la parte más cruenta de la guerra fría, ya mencionada varias veces en este blog, lo servicios de inteligencia de EEUU y de la URSS se devanaban los sesos y se rasgaban las vestiduras buscando la forma de sacar información del otro y de uno mismo porque nunca se sabía cien por cien si se podía confiar en que tu mejor hombre no fuese un agente doble. El uso de micrófonos, micro-cámaras, paredes falsas y demás trampas hacía que las reuniones en sitios cerrados como embajadas o habitaciones de hotel fuesen casi publicaciones en el New York Times o en el Pravda. Así que los espías decidieron hacer sus reuniones y sus intercambios de información en sitios abiertos, como parques o restaurantes al azar, cuidándose mucho de que hubiese un alma al rededor. Había que hacer algo para solucionar este pequeño escoyo.

      Pues pasó que en el Directorio de Ciencia y Tecnología de la CIA debía estar currando una beca el profesor Bacterio, por que si no no se puede entender. Se dotó con veinte millones de dolares, recordar que estamos en el año 1960, para llevar a cabo la creación del espía perfecto: la "Operación Acoustic Kitty", gatito acústico. Esta descabellada idea consistía en hacer de un gato, supuestamente entrenado porque los gatos son demasiado orgullosos para hacerle caso a nadie, un sistema de radio transmisión móvil. Al pobre animal se le abrió en canal y se le colocaron sendos micrófonos en la parte interior de sus orejas, un sistema de cableado rodeando la espina dorsal para enviar la señal de audio, y lo más curioso, la batería en la caja torácica, previamente ahuecada.

       Una vez el gato se recuperó de tan cruel operación se realizaron las primeras pruebas. Y se dieron cuenta de que los gatos no solo son espíritus libres que no van a donde se le diga, sino que además suele tener hambre y le gusta cazar. Tras varios intentos fallidos por educar al gato, decidieron anular el instinto del animal con una trepanación. Otra vez al quirófano. El ya agente perfecto era ya una realidad, un bicho feo, lleno de cicatrices y medio zombificado por las distintas operaciones que llevaba en sus pobres huesos.

       Así llegó el momento de recoger los frutos de la investigación, las intervenciones quirurgicas, y la inquebrantable fe del Directorio de Ciencia y Tecnología de la CIA. Info veraz apuntaba que iba a tener lugar una reunión de dos agentes de inteligencia en Nueva York, uno ruso y otro cubano. Con la crisis de los misiles todavía resonando en las sienes de todos en aquella época era el momento ideal para empezar con buen pié. Dos agentes de la CIA escoltando al gatito acústico le llevaron en un vehículo llegaron a las inmediaciones del parque. Soltaron al gatito y le ordenaron que se fuese a ver que pillaba. Lo que pasó es que el gato no había visto un coche en su vida antes, y el primer taxi que pasaba por ahí le atropelló sin piedad. Los agentes recogieron el cadaver del pobre gato a la carrera. Lo metieron en el coche y enfilaron hacia la central supongo que pensando cómo explicarlo. Por supuesto la Operación Acoustic Kitty, fue abortada al momento, la info clasificada a cal y canto, y más de un lumbreras de Langley recibiría una colleja por listo. Si sabemos hoy en día que tal misión disparatada fue llevada a cabo es porque ex-agentes de la CIA como Victor Marchetti lo publicaría muchos años después. Pero no ha sido la única cagada de las agencias de inteligencias pero ya debéis saber a estas alturas que esas SERÁN OTRAS HISTORIAS.     

martes, 8 de marzo de 2016

Buffa: El Mayor Espectáculo del Mundo


"En verdad si no fuese por la música, habría más razones para volverse loco"
Tchaicovski

          HOY ABRIMOS una nueva sección en esta vuestra página de historia. En Buffa, hablaremos de anécdotas en la historia de la música que algo tan necesario para el hombre como el aire, quizás para unos más que otros. En un mundo actual en lo que todo esta hecho para ser efímero, vender rápido y ser relegado todo tiene una caducidad demasiado pronta. Sin embargo los clásicos son impertérritos. Y su legado y significado, su obra y sus autores son todos dignos de ser estudiados por los eruditos y mucha menor escala intelectual ser mencionados en este humilde blog. Acostumbramos hoy en día de los macro conciertos con escenarios de cientos de metros cuadrados, pantallas gigantes, millares de vatios de potencia, cientos de bailarines y lo último en lasers y pirotecnia para encumbrar lo pequeño de su música, y hablo de Madonna, de Muse, de los Rolling Stones, de U2, de Beyoncé, y de tantos otros que dentro de doscientos años no habrán dejado la más mínima escama en la tabla de la historia.

        En el año 1880 el Zar ruso Alejandro II decidió hacer un sonado homenaje a la victoria rusa frente al ejército de Napoleón, y se la encargó a Tchaivoski con la mediación y beneplácito de su maestro Rubenstain. En 1881, su majestad celebraría un cuarto de siglo de reinado y el año siguiente sería la Exposición Universal en Moscú. Así que durante ese periodo de tiempo Tchaicovski habría de hacer algo digno de aquel glorioso momento en el que Napoleón vio comenzar su declive en tierras eslavas. Y la historia de la invasión es digna de ser mencionada. Napoleón se abría paso al frente de su ejercito, la Grande Armée para terminar de invadir Rusia y así dominar al completo Europa en su pequeña palma. El ejercito ruso no se las veía todas consigo de enfrentarse cuerpo a cuerpo y de igual a igual con Napoleón, y cuando la horda francesa se adentró en lo que hoy conocemos como Lituania, los párrocos ortodoxos se lanzaron en masa a pedir las rogativas de su pueblo conscientes de la diferencia militar, mientras que el Zar Alejandro I y sus oficiales decidieron dar uso a las dos grandes bazas de las que podían disponer, su vasto territorio y el invierno. Durante el verano y otoño La Grande Armée se adentraba en Rusia sin más problema, con una leve resistencia. Esto era pan comido, hasta que llegaron a las proximidades de Moscú y se encontraron todos los campos incendiados, el ganado mudado o aniquilado, y el frío invierno entrando en su apogeo. Acto seguido el ejercito ruso comenzó a cortar las vías de abastecimiento. El hambre y el frío dio paso a las plagas y a la muerte. Antes de que el invierno terminase el orgulloso y moderno ejército napoleónico se vio mermado hasta el diez por ciento, y fue entonces que los rusos entraron en liza y echaron a patadas a Napoleón.

      La puesta en escena de Tchaikovski no pudo ser más orgullosa. Dispuso de una Orquesta Mayor dentro del teatro, otra menor fuera y más sorpresas. Los espectadores de la premiere no eran conscientes de lo que iban a contemplar. La obra comenzaba con un conocido y popular cántico religioso ortodoxo llamado "Dios Proteja a su Pueblo". Si os da por leer estas líneas escuchando la obertura, que enlazaré tanto en el dominio de FB como en esta pagina, se distingue claramente como va subiendo el tono, cogiendo mucha velocidad representando la huida de los rusos y las preparaciones. Hasta que llega el primer Leitmotive, desde fuera del teatro la orquesta entonaría la Marsellesa, anunciando la llegada de los franceses. Entonces llegan más de siete minutos gloriosos en los que las canciones tradicionales rusas sonaban dentro del teatro sincronizadas con frases musicales de los franceses desde fuera, que a momentos iba en aumento haciendo temer la final victoria de los invasores. Hasta el momento final, después de unos minutos de relativa calma en la que entramos de lleno en la batalla de Borodino, haciendo extremo el climax haciendo fuego con dieciséis cañones autenticos, dirigidos por militares artilleros profesionales que no sólo estaban sincronizados por el genial Tchaikovski, también estaban sincronizadas las dos orquestas, los cañones y TODAS LAS CAMPANAS DE LA CIUDAD DE MOSCÚ para sonar al unisono en lo que representaba la celebración final de la victoria rusa frente al ejercito napoleónico. Estamos hablando de finales del siglo XIX, hace ciento cuarenta años. Una ciudad entera a los pies de una representación musical sin precedentes ni imitadores posibles. Curiosamente la marcha final y el disparar de los cañones se lo han hecho propio los estadounidenses, pero ya que hemos cruzado todo el mundo ¡Chúpate esa, Super bowl!!

https://www.youtube.com/watch?v=VbxgYlcNxE8

miércoles, 2 de marzo de 2016

Dar Sentido a lo Nuestro: el Valor de un Peine


" Las mejores palabras son aquellas que guardan un profundo significado
y, al mismo tiempo, resultan comprensibles para todo el mundo"
Confucio



       Somos chulos, hasta decir basta, Somos tan chulos que usamos expresiones chulescas sin conocer el significado de las mismas. Hasta el punto de decirle a un calvo: "te vas a enterar de lo que vale un peine". Pero cuanto vale un peine??

       Vale tanto que la inquisición usaba dos tipos de "peines" para sacar confesiones. Uno era el "peine de mort" especie de artilugio de puntas de acero que servía para desollar la piel del condenado. Tengo entendido aunque no lo he practicado que un desuello viene a ser una de las experiencias más doloras que pueden existir.

        El segundo artilugio era el  "peine forte et dure" que era un cruel sistema de aplastamiento, en el que se ponía al reo, entre dos tablones y se comenzaba a poner pesos encima. Para el momento que confesaba ya sufría aplastamiento de órganos internos, con lo que morían al igual que los del peine anterior, que sufrían todo tipo de infecciones en las zonas despellejadas.

      Así que la próxima vez que amenacéis a alguien de enterarse lo que vale un peine, ya sabéis que no tiene que ver nada con el bueno de Llongueras, sino con una práctica cruel e inhumana llevada a cabo hace siglos. Ambos macabros sistemas de confesión pueden ser visitados en el Museo de Tortura de El Solar, de Santillana del Mar. Hay que tener estomago para entrar ahí.

martes, 1 de marzo de 2016

Cluedo de Acero


"Caín, ¿Que le hiciste a tu hermano Abel?"
Trotski

       LA TENSIÓN iba en aumento en la "dacha" que el Jefe tenía cercana a Moscú. Alrededor de la cama del moribundo Stalin, sus hijos Svetlana y Vasili rezaban, los ministros cuchicheaban, entraban y salían de la estancia, sin saber bien qué hacer o qué ir preparando. El único que mantenía una aparente calma y control de la situación era Lavrenti Beria, jefe de los servicios secretos, o como se decía en la unión sovietica, Comisario del Pueblo para Asuntos Internos, que increpaba a unos médicos aterrorizados de que se les acusase de no haber salvado al padre de la Patria, entre oficiales, militares y políticos que solo pensaban en si la inminente muerte de Stalin sería una liberación o la condenación, así como su supervivencia. El antiguo seminarista georgiano llevaba cuatro días en la cama debatiéndose entre la vida y la muerte cuando finalmente según cuentan algunos testigos, entrada la noche del 5 de Marzo de 1953, con más de setenta años, Stalin alzó la mano hacia el cielo en gesto intimidatorio, como queriendo maldecir a todos los allí presentes y exhaló su último aliento. Y los cimientos del país de los soviets temblaron en contradictorias corrientes. El mismo Pablo Neruda habló de él como "el más grande de los hombres sencillos, nuestro maestro" a la noticia del fallecimiento del totalitarista ruso. Era tan "grande" y "tan sencillo" Pablo, que más de cincuenta millones de victimas te hubiesen abofeteado en la cara si pudiesen, diez millones de muertos de hambre por la reestructuración agraria, treinta millones en las purgas ideológicas, más de veinticinco millones de soldados rusos lanzados a la muerte en la segunda guerra mundial solo para gastar las balas alemanas. Su numero de victimas si que era grande, y si dices que era "sencillo" por vivir en un apartamento de una sola habitación y merendarse una lata de sardinas en aceite todas las tardes te lo compro, pero vamos, no me jodas. ¿Y yo que hago hablando con un cadáver?. Pero si tenía una casa de campo, su dacha, donde tenía un pequeño cine en el que contemplaba películas americanas de indios y vaqueros en inglés y a pesar de no entender una palabra las veía una y otra vez. Y no le gustaba verlas solo, sino que las proyectaba antes de cenar para sus invitados, los cuales entendían tanto o nada como él. Pero hasta que la sesión cinematográfica no terminase, no pasaban a cenar, generalmente bien pasada medianoche. Stalin que a lo largo de su vida fue paranoide llevó en sus últimos años de su vida sus sospechas al extremo, y gustaba de emborrachar a sus invitados para sonsacarles después y humillarles. Si Stalin decía que ya debía retirarse porque era muy mayor y ya no estaba capacitado para el cargo y su interlocutor asentía, sería lo último que haría en la vida. Si por el contrario, acertaba por casualidad a todas las trampas que Stalin ponía, el Jefe terminaba la fiesta con la sentencia de que llegaría el día en el que sobreviviría a todos ellos. El hijo de Nikita Jrushchov reconoce haber oído a su padre en más de una ocasión que al termino de aquellas veladas uno nunca sabía si se iría a su casa o a la cárcel sin más preguntas.

       El sábado 28 de Febrero de 1953, Stalin despachaba junto a Jrushchov, Beria, Malenkov y Bulganin, sus supuestos hombres de confianza, una botella de Vodka tras otra. Cuando hubieron terminado se retiró a su habitación a altas horas de la noche. Horas después, el nuevo jefe de seguridad del dictador informó que el Jefe había dicho que aquella noche no quería vigilancia, harto extraño con su constante paranoia, pero sus guardaespaldas no dudaron y se fueron cada uno a su camastro. A la mañana siguiente Stalin no salía de su cuarto. Toda la servidumbre estaba ahí y sabían del insomnio del Jefe, pero nadie tenía el valor suficiente como para entrar en la habitación sin permiso. Sólo existía una excepción, que llegó la tarde del día siguiente. El mayordomo personal de Stalin entro en la estancia del mandamas con la escusa de una carta del comité central. Se encontró el pequeño cuerpo del dictador tendido en el suelo, sobre un charco de orines y respirando con dificultad. Baria que se encontraba ahí desde la noche anterior ordenó que le pusieran en la cama, pero pasarían más de doce horas hasta que permitiese que viniese medico alguno a atender al moribundo. A las siete de la mañana del día siguiente la modesta dacha era un avispero de actividad en torno a un cuerpo que batallaba por sobrevivir. Sus médicos personales, los cuales eran los mejores especialistas de la unión soviética,  habían sido victimas de su última paranoia que pasaría a conocerse como "el complot de los médicos judíos". Así que los que le asistieron no solo no conocían personalmente al dictador, sino que aparte de llegar tarde estaban literalmente acojonados. Uno de ellos llegó a dictaminar a Beria que el dictador tenía un coagulo cerebral del tamaño de una moneda, y de haber sido avisados con un poco más de tiempo quizás hubiesen sido capaces de salvarlo. Pero al amanecer del cuarto día de batalla vomitó una gran cantidad de sangre. Eso no tenía nada que ver con un fallo cerebrovascular pero bajo la intimidatoria de Beria los médicos no dijeron nada, y el periódico oficial del régimen, el diario Pravda, no haría mención alguna al incidente. Pero vamos, que todos sabían que se trataba de un envenenamiento. Jamás se contemplo esta hipótesis por dos motivos, que los documentos médicos de los últimos días de Stalin en los que figuraba toda la evolución del georgiano al minuto; y el segundo motivo era quién en su sano juicio hubiese querido y podido asesinar al hombre más poderoso de esa mitad del planeta?

       Quizás Jruschev, que a pesar de ser un analfabeto de Ucrania, de los orígenes más humildes imaginables había llegado a gobernador de Moscú por méritos propios. Es decir, durante el día ejecutaba sospechosos de disidencia, de exaltación, de conspiración, y por la noche.... Ah, amigo. Él mismo dijo como justificación que "si Stalin pide que baile, un hombre juicioso ha de bailar" y a eso se dedicó los últimos años del Jefe. A danzar, cantar y humillarse como un vulgar bufón a petición de Stalin, que como a todos los psicópatas le encantaba ver cuan bajo podía caer una persona por salvar lo poco que tuviese, dejando de lado orgullo y decoro. Sí, Jruschev era lo suficientemente bajo para salvar la vida y dar continuidad a la obra del monstruo. Pero difícilmemte pudo ser él, ya que el constante miedo que experimentó en aquellos días lo tenía totalmente aterido.

        Quizás sus hijos. Su última esposa y madre de sus hijos, Nadezhda Alilúyeva, se había suicidado tras hacer público que no podía pasar un solo día más al lado del criminal de su marido. Esta acción podría parecer heroica de no ser que dejó sin su protección a sus hijos en manos del monstruo. Vasili había ascendido demasiado rápido e inmerecídamente al rango de general por ser hijo de quien era, así que sus fiascos militares habían sido demasiado sonados. Y a esto le acompañó su condición de amedrentado alcohólico, que no era capaz de articular dos palabras en presencia de su padre, mientras que a la espalda de éste, blandiendo el mote Stalin, que nunca fue un apellido sino un código de guerra de su padre que significa Acero, sedujo a todas las mujeres atractivas que había por seducir en la unión sovietica, hasta el día que fue demasiado lejos, y secuestró a la esposa de un general aprovechando que su propia esposa estaba fuera, durante una semana. Stalin degradó públicamente a su hijo por su conducta inmoral y le encerró en un cuarto como si de un niño aún se tratase. En las últimas horas de Stalin, Vasili rogaba por la vida de su padre, porque una vez muerto quién iba a protegerle??? nadie por supuesto. Así que una vez descartado pasamos a su hermana, Tenía Svetlana motivos para querer matar a su padre?. Cuando su madre se suicidó, Stalin comenzó a desterrar sumariamente a su familia política llegando a matar a casi la totalidad de ellos. Cuando Svetlana interpuso en su favor, Stalin no dudó en amenazarla a ella también con las frías y desatendidas explanadas siberianas. Cuando el padre se enteró del primer romance de Svetlana, ella sufrió todo tipo de violencia verbal y física de su padre, pero su amiguete sí que sufrió los gulags en todo su horror, hasta el día en que fue ejecutado sin más cargo que el de amar a la hija del monstruo. Pero por muy raro que parezca ninguno de los dos quería la muerte de Stalin, Vasili era consciente de que sin su padre no viviría mucho, y Svetlana aún muy a su pesar quería a su padre.

         Quizás Molotov, compañero inseparable desde el comienzo de la revolución. Juntos habían subido al poder, juntos iban con las respectivas familias de vacaciones, a pasar los fines de semana. Juntos redactaban las interminables listas de deportaciones y ejecuciones, peor aún, Stalin dictaba los nombres y Molotov añadía los de los familiares para que el castigo resultase ejemplar. Se puede decir que Molotov era más Stalinista que Stalin. Hasta el mismo año de la muerte del dictador en la que una acusación abierta de traición en el diario Pravda suponía la caída en desgracia del ministro. A esto se juntó que la mujer de Molotov. Polina, era judía y a raíz del complot de los médicos judios Stalin obligó a su otrora amigo a divorciarse de ella bajo falsas acusaciones de perversión supuéstamente obtenidas del servicio secreto. El día que Stalin celebraba su último cumpleaños coincidía con la fecha de deportación de Polina. Molotov ya en desgracia entro en la fiesta sin invitación para rogar a su amigo clemencia. Stalin ni le recibió. Molotov tenía más que motivos para asesinar a Stalin, pero no lo hizo por dos motivos, el primero porque no estuvo presente el día que el Jefe entró en coma, y segundo que pese a todo, Molotov era el seguidor más devoto y fanático de Stalin, con lo que la idea de si quiera hacerle daño nunca pasó por su cabeza.   

        Y por último Beria. Es curioso cómo los monstruos se rodean de otros monstruos peores para poder dar un poco de virtud a su vida. Y Beria era el monstruo por antonomasia. Era frío, calculador, asesino en serie, mataba a quien Stalin le ordenaba matar, como Stalin deseaba que se hiciese, torturaba sin problemas ni mala conciencia. Además era un pervertido que recogía mujeres con su limusina negra, para posteriormente violarlas y asesinarlas. Pero llevaba el lado más oscuro del gobierno a la perfección y a todo el mundo bajo la lupa de su servicio secreto. Pero a diferencia de los anteriores, Beria odiaba a Stalin y lo odiaba con toda su alma. Si Stalin no juzgó a Beria era porque también temía su poder. Poco antes de morir, Bería mando ejecutar al que había sido jefe de guardaespaldas de Stalin durante más de veinte años y el jefe no objetó nada. Puso en su puesto a un hombre de su confianza, el mismo que hizo retirar la guardia la noche del envenenamiento. Y que hizo de choffer de un Beria jubiloso en el momento que Stalin murió. En el entierro de Stalin, Beria se dirigió a Jrushchev y le susurró "me debéis una, yo me encargué de él".

       Y aunque parece con estas evidencias que Beria fue en verdad el asesino no esta claro del todo que en verdad fuese él, o simplemente se apuntase el tanto para tener al resto de principales dirigentes del gran estado soviético de su parte en una posible sucesión. Quienquiera que le matase solo cometió un error, esperar demasiado tiempo, y tenía más de cincuenta millones de razones para darle matarile a aquel campesino georgiano que en su día entró en el seminario como vía de escape del duro mundo rural y acabó como uno de los mayores monstruos que ha visto la faz de la tierra. El cadáver de Stalin se embalsamó y se puso al lado del de Lennin representando a los grandes padres de la patria. Pero una vez Jrushchev se hizo con el timonel le devolvió los insultos retirandolo del lado de la plaza roja. Pero esa SERÁ OTRA HISTORIA.

domingo, 28 de febrero de 2016

Dar Sentido a lo Nuestro: Mirar pa' Cuenca



" Las mejores palabras son aquellas que guardan un profundo significado
y, al mismo tiempo, resultan comprensibles para todo el mundo"
Confucio

       Hoy inauguramos una sección nueva, y con los meses vendrán otras, pero la que inauguramos tratará de algo muy nuestro, que no dará para explayarse, ni falta que hace, pero que es en verdad curioso. El origen de nuestros dichos populares. Porque sobre todo los que tenemos la suerte de hablar más de un idioma, y de usarlo con frecuencia, hay frases que son intraducibles, que conocemos todos su significado pero que si hemos de explicarlas a un extranjero no sabríamos donde empezar. Imagínense por un momento la cara que pondría un inglés si le dijeses de una mujer que "I´m going to put her looking for Cuenca". En español común de la calle, es una forma bravucona de proclamar ambas la virilidad y el objetivo de "reventar" a la amante como si fuese uno el "Sansón del colchón". Perdonen si el tono esta un poco subido, pero es una definición bastante gráfica. Que cuánto hace que se usa esta frase, cinco siglos, casi "na"!

       En la corte de los reyes católicos, la unión de los reinos de Castilla y Aragón. había un lado que simplemente era más católico que el otro, pero hablamos de los siglos XV y XVI, y Fernando de Aragón el Católico simplemente no podía ser un libertino constante sin levantar ampollas en la iglesia, la nobleza y el orgullo de su mujer...y que aprovechando que a Doña Isabel de Castilla solo presentaba desdén por la ciencia, Don Fernando tuvo una idea brillante: en una de las torres más altas del palacio real mandó montar un observatorio astronómico, con toda la tecnología de la época, que se limitaba a unos pocos telescopios, algún astrolabio y poco más, eso sí, en una estancia sumamente cómoda. Así con esta coartada y aprovechando que muchas de las mujeres de la corte eran Conquenses, se las subía al observatorio licencioso con el pretexto de "Voy a poner a Doña .... mirando a Cuenca". A Isabel no le interesaba lo más mínimo, y si nunca sospechó no lo hizo notar. Pero la guardia presente sabía el auténtico significado de la frase, y la repitió con sorna en los prostíbulos y casa de lenocinio que frecuentaba. Y si algo corre más rápido que la pólvora en España, eso son los chismes, de tal modo Don Fernando de Aragón y de las dos Españas tuvo que dar explicaciones a sus muy católicos confesores de sus tropelías, para aplacar la ira de su muy católica y cornuda esposa.
        
       

sábado, 27 de febrero de 2016

Un Repaso Salvaje



"El que se humille será ensalzado. 
el que se ensalce será humillado."
Mateo 23:12

        HOY HABLAREMOS de otro personaje idiota y con la suerte por bandera. Desde que la televisión se instauró en todos los hogares del mundo occidental con más programación que los canales nacionales, siempre hay alguno que muestra películas del oeste para ayudar a las siestas. En estos filmes de Technicolor siempre aparece el Séptimo de Caballería como azote de los insensibles y crueles indios que se dedican al pillaje y a todas las malas artes. Nada más lejos de la verdad, así como su primer líder, un George Amstrong Custer. Sólo un ejemplo de los muchos que vendrán en el futuro de cómo hacer propaganda de un descerebrado bien posicionado puede hacer un héroe mitológico sin casi merecerlo.

        Custer, para abreviar, fue un joven e impulsivo muchacho nacido en Ohio, la parte supuestamente civilizada del nuevo mundo, en el año 1939, en una familia campesina de ascendencia alemana. Su infancia es totalmente irrelevante, hasta que decide inscribirse en la escuela militar. Para el día que se licencie como sub-teniente será el peor estudiante de su promoción, y el segundo peor de la mítica escuela militar estadounidense, con más de setecientos incidentes en su historial, de peleas, desobediencia, mala conducta, borracheras, la lista es prácticamente interminable. Así que este problemático sub-oficial hubiese dado con sus huesos con toda probabilidad en algún punto yermo e inservible de la frontera con el territorio indio a esperar la muerte. Pero por primera vez la "suerte" se le presentó y comenzó la guerra de secesión. Abraham Lincoln, uno de los pocos republicanos influyentes con alma pretendió la abolición de la esclavitud. La zona urbanita estadounidense, el noreste del país que ya estaba comenzando su propia revolución industrial, vio con buenos ojos la innovación abolista, no así los estados latifundistas del sur, que creían necesitar de la mano de obra gratuita africana para seguir anclados en los regímenes agricultores esclavistas de siglos anteriores. Esto es un resumen a muy grosso modo, el caso es que la casi recién formada nación americana nacida de la desobediencia se vio inmersa en un cruento encuentro fratricida, y para Custer tanto mejor. Comenzó un ascenso meteórico, si bien había sido un alumno deleznable resultó ser muy valiente, prácticamente temerario y sus brillantes compañeros de promoción caían como chinches mientras que él no solo sobrevivía sino que ganaba con más suerte que conocimiento la mayoría de las veces. Y se vio accidentalmente en todos los fregados, y con la suerte que la flamante prensa americana siempre parecía estar sólo cuando su irresponsabilidad daba titulares dignos de admiración. Así combatió en Chancellorsville en Virginia, en Gettysburg, en Opequon y en  Cedar Creek. Y en estas contiendas de las que no en todas salió victorioso, sino ileso, había un cronista que mandaría telegramas magnificando su presencia. Estaba tanto en las pomadas, que cuando el General sudista Lee entregó la bandera confederada a los yankees humillándose ante Grant quién la recogió?? por supuesto el entonces General Custer. Porque entonces, y ahora, el ejercito estadounidense promovía oficiales en función de la necesidad que hubiese en tiempos de guerra. Así una vez terminada la guerra civil Custer fue relegado a Teniente Coronel, que era más de lo que se merecía.

        ¿Pero cómo era Custer?. Era un tipo alto, quizás excesivamente alto para su época, casi dos metros de tío, déspota, arrogante, excéntrico, bebedor... y una larga lista de etcéteras peyorativos. Vestía casacas con flecos sobre los que colgaban sus legendarios rizos pajizos que le valieron el sobrenombre de "Cabellos largos" entre los indios. Pero sobre todo un tipo valiente, indisciplinado y soberbio.  Fue dando tumbos de división en división hasta que en el año 1866 la Suerte vuelve a brindarle una oportunidad. El jefe "lacota" (para ellos), "enemigo" (para los franceses), sioux (para la posteridad), Nube Roja, harto de ver cómo los colonos blancos entraban en su territorio a cortar leña, pasó a los leñadores por la piedra. El ejercito estadounidense mandó a ochenta soldados a ayudar a los leñadores, y estos fueron también pasados por la degollina. esto enfureció tanto al ejercito americano que creó el Séptimo de Caballería para combatir a los indios fuesen de la tribu que fuesen. Y al general Sheridan no se le ocurrió mejor idea que colocar al frente del Séptimo de Caballería al descerebrado Teniente Coronel Custer para poder pelear a los salvajes. La celebérrima y flamante formación militar sólo tenía por objetivo hostiar a los indios, contaba con seiscientos soldados de inicio. Un año después, o mejor dicho, un año bajo el mando de Custer después, quinientos de ellos habían desertado. Si no fue a causa del despotismo de su líder, fue resultado de las numerosas enfermedades se dieron cita en el insalubre campamento. Fue en estas circunstancias que Custer vio sus huesos en un juzgado militar; acusado de fusilar desertores sin juicio previo. Custer fue expulsado del ejercito por un año, sin curro ni sueldo. Pero Custer no se adecuó a la "Dolce Far Niente", sino que se adjuntó a la política de la mano del presidente yanquee de origen sudista Johnson. Aunque parezca mentira, un enemigo declarado de los nativos americanos reclamaba para ellos las reservas, o hacinamientos reservados sólo para el uso de los salvajes, un mísero esputo de terreno comparado con las infinitas praderas y llanuras de que gozaban antes. Y entonces llegó Grant.

         Grant, el héroe; Grant el estadista; Grant el victorioso presidente autosuficiente, el cual no tenía el más mínimo cariño por Custer, que si de él hubiese dependido, Custer no hubiese sido más que un mal recuerdo. De la nada un nuevo golpe de suerte, el rumor de que había oro en las Montañas Negras (Montana) se extendió. Hay quien afirma que fue Custer en persona quién corrió el bulo. Las Montañas Negras eran lugar sagrado para los indios. Para los americanos significaría el tan preciado oro del oeste. Como siempre en este tipo de situación ni siquiera los indios escatiman, y alegando que en efecto las Montañas Negras eran sagradas para ellos, pero que ahí oro no había, pidieron al gobierno americano una compensación de más de cincuenta millones de dolares, pero desde Washington no ofrecían más de seis. Obviamente no hubo acuerdo. Para Custer, su reinstitución en el Séptimo de Caballería estaba al alcance de la mano pero Grant no quería ni oír de aquel miserable, y su primera reacción fue negar su vuelta. Pero las Guerras Indias necesitaban acción, y Custer necesitaba volver a tener publicidad con un oscuro deseo, si la guerra de Secesión convirtió a Grant en presidente, las Guerras Indias podían hacer lo mismo por él. Así que se fue como una vieja plañidera a ver a Sheridan que siempre lo había apadrinado, y no solo le conmovió, sino que tomo parte por él convenciendo a Grant de la necesidad de oficiales valientes como Custer para reprimir a los indios, que estaban saliendo demasiado de sus reservas atacando trenes, caravanas y puestos de telégrafo.

       Cuando Custer recobró su regimiento, que no había conseguido más que mal nombre, necesitaba dar un golpe de efecto. Y una vez más Custer la pifió. En Noviembre de 1868 desoyendo la recomendación del General Sheridan, decidió salir en la noche nevada, para sorprender salvajes. Y así llegó con un escuadrón a las proximidades del río Washita donde encontró un grupo de tipis de indios cheyennes. El poblado de Olla Negra. Cuando el sol anunció el nuevo día Custer atacó el poblado sin preguntar aquella de Gila si eran "amigos o enemigos" y se convirtió en una carnicería de mujeres, ancianos y niños que enfureció al ejercito estadounidense, y a los jefes sioux Caballo Loco y Toro Sentado. El poblado cheyenne no tenía un solo guerrero en sus filas, y estaban a orillas del Washita pasando el invierno. Los indios recrudecieron sus ataques en respuesta a semejante agravio. Sheridan lo tuvo claro, y entonando lo de "pa chulo, chulo mi pirulo" se dispuso a devolvérsela a los salvajes. Y no solo en forma de una pequeña reprimenda. Un ejemplar correctivo. Sheridan no era muy dado a las negociaciones con nativos, suya es la frase de que el único indio bueno es el indio muerto. Así que mando a tres regimientos de caballería a atacar a los indios. Las noticias hablaban de un asentamiento en las orillas del Little Big Horn, de unos ochocientos indios. Custer estaba como loco por la música. El tenía casi trescientos a sus ordenes y solo ciento cincuenta millas por recorrer. Pidió permiso al jefe de los tres regimientos, el general Crook para adelantarse y ser así el primero en tomar contacto con los indios. Crook accedió y le ofreció otra dotación de hombres y un par de cañones, pero Custer solo quería la gloria para el Séptimo de Caballería y en especial para él. Llevó a sus hombres a un ritmo desproporcionado, y en sólo un par de jornadas habían recorrido más de ciento diez millas. Los scouts traían "buenas noticias". El asentamiento era más grande de lo que creían. Mil quinientos hombres y Custer encantado porque menospreciaba abiertamente las tácticas militares indias. Pero a los scouts adolecían que debían ser de letras, porque a orillas de aquel frío río de Montana esperaban más de cuatro mil fuertes, la mayor coalición india que el mundo había visto y jamás vería, aunando sioux, cheyennes, arapahoes y otras tribus menores, supuéstamente muchos de ellos rivales históricos pero unidos para la ocasión bajo la bandera del odio al hombre blanco y el liderazgo de Caballo Loco y Toro Sentado, que se la tenían jurada a Cabellos Largos, que para la ocasión se había rapado sus escasos tirabuzones rubios.

       En 1941 Errol Flynn dio vida a Custer en "Murieron Con las Botas Puestas", que presentaba como todas las películas del Oeste, al celebérrimo Séptimo de Caballería sucumbiendo con heroicidad a los ataques de los jefes Sioux. Lo cierto es que si bien Caballo Loco tomó parte en la batalla, Toro Sentado viendo que no le necesitaban se quedó en su Tipi preparando medicinas para los heridos. Los indios destruyeron a Custer y a sus hombres sin piedad en menos de media hora, y los últimos no presentaron tanta valentía como los de la película sino que cuando se vieron acorralados y sin posibilidad de pedir perdón o clemencia se suicidaron en bloque prácticamente. Y Custer no murió con las botas puestas, y si lo hizo, su cuerpo inerte fue desprovisto de ellas, así como de el resto de la ropa a excepción de los calcetines. Físicamente su cuerpo no fue insultado ni defenestrado como se hubiese merecido, le habían cortado un dedo, y mujeres sioux le abrieron los tímpanos con una punta de flecha para que pudiese oír mejor en la próxima vida todo lo que los héroes indios le tendrían que reprochar en la próxima vida. Del Séptimo de Caballería solo sobrevivió un caballo, llamado para más inri Comanche. Sabedores de que no podían quedarse a esperar una segura respuesta del ejercito por tal magra masacre la coalición se volvió a terreno indio. Fue la última gran victoria india, y quedan muchas contiendas por contar, así como la colonización del Oeste Americano, pero eso SERÁ OTRA HISTORIA.

miércoles, 24 de febrero de 2016

La Gran Señora en una Mala Pensión


"Tres clases hay de ignorancia; no saber lo que debería saberse, 
saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debería saberse"
François de La Rochefoucauld

       EN EL AÑO 1503 Francesco Bartolomeo de Giocondo le encargó a Leonardo DaVinci el retrato de su mujer ni se esperaría la gran relevancia que el cuadro llegaría a tener. Y a decir verdad no llegó siquiera a contemplarlo nunca puesto que el artista no se volvería a separar de la pequeña tabla de álamo, retocándolo hasta el día de su muerte, en Francia, bajo el mecenazgo del rey francés Francisco I. De esta forma, el magnífico retrato que obsesionó a su autor estaría siempre en Francia, cambiando de manos hasta que la revolución francesa lo puso en el Museo del Louvre, y ahí permaneció.

       Un siglo y poco después y a causa de robos y actos de vandalismo la dirección del museo decidió poner algo de seguridad, especialmente a sus obras más representativas y claro, a principios del siglo XX como es normal, los sistemas de seguridad eran bastante rudimentarios y se basaban en un gran marco de madera que sujetaría un gran vidrio. Uno de estos trabajadores fue el carpintero italiano Vincenzo Peruggia, un proto-fascista ultra-nacionalista que no acababa de entender cómo la más genial obra de uno de los más geniales autores italianos, en la que se representaba una gran señora italiana (mona se interpreta como señora en italiano) colgaba de una pared de un museo francés. Un argentino con labia llamado Eduardo Valfierno, falsamente autodenominado marques de Valfierno, y con ciertos contactos en el mundo de la compra-venta de arte, empezó a emponzoñar la mente del ya de por si corta mente del carpintero italiano, con falacias del calibre de "mira tío, esa pieza no pinta nada aquí, se la robo Napoleón, debería regresar a Florencia. Mira, tu la robas, yo te doy un dinero a cambio y vuelves a Italia forrado y casi un héroe nacional" (conversación ficticia pero no demasiado desencaminada). Estas mentiras calaron en Peruggia y se dispuso a dar el gran golpe.

       Y así el domingo 20 de Agosto de 1911 al termino de la jornada, Peruggia se escondió en un armario del museo. Y se dispuso a pasar tranquilamente la noche. Cuando llegó la mañana, salió del armario, se dirigió a la sala de la Gioconda y la descolgó, desmarcó el cuadro y se guardó la pequeña tabla debajo de su guardapolvo. Se dirigió a la salida, aquella mañana de lunes en la que el museo estaba cerrado, y pasó el control de un agente de seguridad que le reconoció como uno de los trabajadores, de modo que le dejó salir sin hacer ninguna pregunta. Peruggia llegó así a su pensión de la Rue de l´hospital Saint Louis, con la satisfacción de haber realizado una gran obra de la forma más sencilla y sin levantar demasiadas sospechas. Mientras París se rasgaba las vestiduras por la desaparición del cuadro, Peruggia esperaba paciente al "marqués" argentino que le iba a convertir en héroe. Y esperó, y esperó, y esperó, y durante dos años encerró el retrato de Lisa Gherardini en una maleta sin noticia de Eduardo Valfierno. Hasta el día se que convencido de que el argetino había desaparecido y se dispuso a mandar una carta a un anticuario florentino llamado Alfredo Geri  con el mensaje "Tengo la Gioconda" y la firmó con el torpe seudónimo de Leonardo, junto a la petición de medio millón de liras por el rescate. El anticuario se debió tomar en serio la misiva anónima y quedó con el carpintero en el hotel Tripoli de Florencia. Así en Diciembre de 1913, se vieron en el hotel el carpintero Peruggia, el anticuario florentino Geri, el director de la galería de los Uffizi´s y la vieja Gioconda. El resultado de tal encuentro fue que el cuadro era la autentica Gioconda, y la obra fue devuelta al Louvre y el carpintero en vez de verse convertido en héroe se vio con sus huesos en la cárcel, por un tiempo risorio ya que ni al juez se le escapó que Peruggia era un tonto a las tres y había sido victima de los engaños de un embaucador del que no se volvió a tener noticia.

       Y no sería hasta el año 1931 un agonizante Eduardo Valfierno confesaba el origen de su fortuna a un periodista estadounidense llamado Karl Decker. El falso marqués había pedido seis copias del retrato al artista y falsificador francés Yves Chaudron, y una vez la noticia de la desaparición del cuadro fue de dominio internacional, Valfierno ofreció sus falsas Giocondas, gracias a sus contactos, a numerosos millonarios estadounidenses y brasileños por el módico precio de $300.000 el cuadro. Jugada maestra, ya que para el tiempo la Mona Lisa retornó a su justo lugar en el museo, nadie se atrevió a reclamar que habían sido engañados por un argentino con una supuesta obra robada. El orgullo de Valfierno fue demasiado grande y no quería que su hazaña pasase inadvertida, confesó voluntariamente a Decker con la condición de que no publicase su entrevista hasta la muerte del gran timador. El periodista cumplió su palabra, y Valfierno entró de lleno en la historia como casi el mejor ladrón conocido. Aunque ha habido otro, español, y espectacular, pero eso SERÁ OTRA HISTORIA.