"El placer gastronómico es el principio y el fin de una vida feliz"
Epicuro de Samos
EL COMPOSITOR ITALIANO ROSSINI, que no solo dejó para la posteridad varias operas cómicas sino también dejó la música por la cocina, afirmaba que sólo había llorado dos veces en su vida, el día que murió su padre y el día que se le resbaló un pavo trufado por la borda de un barco. La comida es quizás la base de nuestra vida occidental, donde la opulencia y la exquisitez son muestras de estatus y de hedonismo. Hace veinte años comenzaba Karlos Arguiñano a amenizar a las amas de casa con sus chistes, sus perejiles y sus recetas sencillas; Ahora tenemos a los cocineros como las estrellas pop de nuestra época y están por todas partes, no hay canal de televisión sin programa de cocina, no hay emisora de radio sin critico gastronómico, hay revistas especializadas que hace de sus lectores grandes entendidos de la buena mesa, concursos para adultos, para niños, para famosos, entrevistas en cocinas, documentales... hemos llegado hasta el punto que por lo menos en dos canales de televisión hasta donde yo sé las campanadas de nochevieja han sido presentadas por estos nuevos reyes de los medios audiovisuales, donde su opinión prevalece como los nuevos filósofos. Quiero dejar claro que no critico al gremio, al que aprecio y admiro, es una pequeña crítica del exceso típico de este país. Dicho esto, centrémonos en la historia que es lo que nos gusta.
En la década de los sesenta, pero del siglo XIX, Napoleón III y Von Bismarck pasaban las horas con dos ideas calcadas, cómo ampliar sus territorios y cómo declararse la guerra el uno al otro. Si los prusianos estaban haciendo méritos por unificar tooooooodos los reinos, principados, ducados y ciudades libres de Alemania, Francia tenía que anexionarse Luxemburgo, que si tu quieres esto, pues yo quiero aquello... etc, etc. Galos y germanos se intercambiaban pedorretas y cortes de mangas mientras trataban a la vieja Europa como un juego de influencias y de dominio. A todas estas el general Prim había conseguido echar del trono a los borbones y pegarle una patada en el gran culo de Isabel II al grito de "jamás, jamás, jamás", y buscaba como loco un rey para una España en caída libre, quedaban unos veinte años para el fin total del imperio, y aunque muchos eran los futuribles para coronarse sin esperarselo, nadie quería la patata caliente. El conflicto entre franceses y prusianos estalló por fin cuando Prim le propuso el reino al príncipe alemán Leopoldo (Estéfano Carlos Antonio Gustavo Eduardo Tásilo) de Hohenzollern Sigmaringen, cuyo nombre impronunciable aún para los españoles de hoy en día más duchos en idiomas fue cambiado con sorna por "Ole-Ole-si-me-eligen". Napoleón III no vio con buenos ojos esa propuesta, puesto que Prusia extendería su dominio justo al otro lado de los pirineos. Ya que estamos diremos que Leopoldo no salió rey, y que España encontró monarca en el Italiano Amadeo de Saboya, para seguir jugando a las rimas.
Así en el verano de 1870 comenzaron las hostilidades, pero Bismarck con menos efectivos que Napoleón III arrasó a los galos sin agitar el mostacho, y el emperador francés alzó bandera blanca un par de meses después tras la debacle en la que murieron 17.000 franceses y 21.000 fueron hechos presos, contra apenas algo más de 2.000 bajas prusianas. Pero ahí no acaba el conflicto. Cuando las noticias de la derrota llegan a la capital francesa, los parisinos se alzan proclamando la tercera república y el gobierno de Defensa Nacional.Y si a Bismarck masacrar a Napoleón le llevó nada y menos, se plantó con sus tropas en apenas dos semanas sitiando la ciudad de París.
Meses de hambre y miseria sobrevinieron a la ciudad de las luces. Pocas cosas le puede doler más a un frances que la perdida de una buena pitanza, famosos por su excelencia culinaria y el Bon Vivant, llegando a las navidades los mejores restaurantes de París optaron por comprar los animales del Zoologico para hacer sus menús de navidad, que la imaginación brotase y que no se notase que andaban en guerra pasando calamidades. Es así como nos encontramos la minuta del fastuoso restaurante Voisin con el que a precio de oro, los más notables parisinos conmemoraron la navidad mientras los prusianos mandaban algún cañonazo para que no se olvidasen de que seguían fuera haciendo ruido:
Entremeses:
Mantequilla
Rábanos
Sardinas
Cabeza de Asno Rellena
Sopas:
Puré de Habichuelas Encarnadas con Picatostes
Consomé de Elefante
Entradas:
Gobios Fritos
Camello Asado a la Inglesa
Civet de Canguro
Chuletas de Oso Asadas con Salsa de Pimienta
Asados:
Pernil de Lobo con Salsa de Corzo
Gato Acompañado de Ratones
Ensalada de Berros
Terrina de Antílope con Trufas
Setas a la Bordelesa
Guisantes con Mantequilla
Entremets:
Pastel de Arroz con Confituras
Postre:
Queso de Gruyére
Todo este festín por supuesto regado con los mejores vinos franceses y champagnes. Este menu bien mirado parece más propio de las exóticas orgías romanas de siglos antes, pero eso como siempre será otra vista gastronómica, o como siempre parafraseo a Kipling, ESO SERÁ OTRA HISTORIA















