"En verdad si no fuese por la música, habría más razones para volverse loco"
Tchaicovski
HOY ABRIMOS una nueva sección en esta vuestra página de historia. En Buffa, hablaremos de anécdotas en la historia de la música que algo tan necesario para el hombre como el aire, quizás para unos más que otros. En un mundo actual en lo que todo esta hecho para ser efímero, vender rápido y ser relegado todo tiene una caducidad demasiado pronta. Sin embargo los clásicos son impertérritos. Y su legado y significado, su obra y sus autores son todos dignos de ser estudiados por los eruditos y mucha menor escala intelectual ser mencionados en este humilde blog. Acostumbramos hoy en día de los macro conciertos con escenarios de cientos de metros cuadrados, pantallas gigantes, millares de vatios de potencia, cientos de bailarines y lo último en lasers y pirotecnia para encumbrar lo pequeño de su música, y hablo de Madonna, de Muse, de los Rolling Stones, de U2, de Beyoncé, y de tantos otros que dentro de doscientos años no habrán dejado la más mínima escama en la tabla de la historia.
En el año 1880 el Zar ruso Alejandro II decidió hacer un sonado homenaje a la victoria rusa frente al ejército de Napoleón, y se la encargó a Tchaivoski con la mediación y beneplácito de su maestro Rubenstain. En 1881, su majestad celebraría un cuarto de siglo de reinado y el año siguiente sería la Exposición Universal en Moscú. Así que durante ese periodo de tiempo Tchaicovski habría de hacer algo digno de aquel glorioso momento en el que Napoleón vio comenzar su declive en tierras eslavas. Y la historia de la invasión es digna de ser mencionada. Napoleón se abría paso al frente de su ejercito, la Grande Armée para terminar de invadir Rusia y así dominar al completo Europa en su pequeña palma. El ejercito ruso no se las veía todas consigo de enfrentarse cuerpo a cuerpo y de igual a igual con Napoleón, y cuando la horda francesa se adentró en lo que hoy conocemos como Lituania, los párrocos ortodoxos se lanzaron en masa a pedir las rogativas de su pueblo conscientes de la diferencia militar, mientras que el Zar Alejandro I y sus oficiales decidieron dar uso a las dos grandes bazas de las que podían disponer, su vasto territorio y el invierno. Durante el verano y otoño La Grande Armée se adentraba en Rusia sin más problema, con una leve resistencia. Esto era pan comido, hasta que llegaron a las proximidades de Moscú y se encontraron todos los campos incendiados, el ganado mudado o aniquilado, y el frío invierno entrando en su apogeo. Acto seguido el ejercito ruso comenzó a cortar las vías de abastecimiento. El hambre y el frío dio paso a las plagas y a la muerte. Antes de que el invierno terminase el orgulloso y moderno ejército napoleónico se vio mermado hasta el diez por ciento, y fue entonces que los rusos entraron en liza y echaron a patadas a Napoleón.
La puesta en escena de Tchaikovski no pudo ser más orgullosa. Dispuso de una Orquesta Mayor dentro del teatro, otra menor fuera y más sorpresas. Los espectadores de la premiere no eran conscientes de lo que iban a contemplar. La obra comenzaba con un conocido y popular cántico religioso ortodoxo llamado "Dios Proteja a su Pueblo". Si os da por leer estas líneas escuchando la obertura, que enlazaré tanto en el dominio de FB como en esta pagina, se distingue claramente como va subiendo el tono, cogiendo mucha velocidad representando la huida de los rusos y las preparaciones. Hasta que llega el primer Leitmotive, desde fuera del teatro la orquesta entonaría la Marsellesa, anunciando la llegada de los franceses. Entonces llegan más de siete minutos gloriosos en los que las canciones tradicionales rusas sonaban dentro del teatro sincronizadas con frases musicales de los franceses desde fuera, que a momentos iba en aumento haciendo temer la final victoria de los invasores. Hasta el momento final, después de unos minutos de relativa calma en la que entramos de lleno en la batalla de Borodino, haciendo extremo el climax haciendo fuego con dieciséis cañones autenticos, dirigidos por militares artilleros profesionales que no sólo estaban sincronizados por el genial Tchaikovski, también estaban sincronizadas las dos orquestas, los cañones y TODAS LAS CAMPANAS DE LA CIUDAD DE MOSCÚ para sonar al unisono en lo que representaba la celebración final de la victoria rusa frente al ejercito napoleónico. Estamos hablando de finales del siglo XIX, hace ciento cuarenta años. Una ciudad entera a los pies de una representación musical sin precedentes ni imitadores posibles. Curiosamente la marcha final y el disparar de los cañones se lo han hecho propio los estadounidenses, pero ya que hemos cruzado todo el mundo ¡Chúpate esa, Super bowl!!
https://www.youtube.com/watch?v=VbxgYlcNxE8
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