"A algunos hombres los disfraces no los disfrazan, sino los revelan.
Cada uno se disfraza de aquello que es por dentro"
Gilbert K. Chesterton
JOSEP Pla i Casadevall, sería una versión de nuestro actual Paco Marhuenda durante la guerra civil, un periodista catalán de extrema derecha que simpatizaba contra la república, la modernización y el progreso de España; si por ambos fuese este país seguiría viviendo en la edad media y agradarían con sus vanas e imbéciles palabras los oídos de los obsoletos monarquistas absolutistas que aún quedaban a principios del siglo XX, podemos deducir que no habían entendido nada de la conquista ilustrada francesa de principios del XIX.
El caso es que tras el fracasado golpe de estado que sumió a este país en una cruenta guerra civil de tres años de duración, Josep Pla optó por ser espía (y solo eso, ya que el servicio secreto español aún tardaría décadas en ser formado) del bando malamente llamado nacionalista ya que fue el bando golpista en la Barcelona republicana. Durante la resistencia catalana contra el ejercito sublevado Josep Pla escribía en "La Veu de Catalunya" ( no hace falta traducir, ¿verdad?), claramente de derechas pero aún suficientemente acobardado como para escribir libremente en contra de la república. A pesar de estar bajo el mecenazgo de Cambó no se sentó seguro hasta que emigró de España a Francia, concretamente a Marsella y es en ese momento cuando se convierte en informante de los golpistas. Informaba habitualmente de toda información que le llegaba de Barcelona en sendos telegramas. Hasta el día que escribió un mensaje indescifrable para los criptógrafos del ejercito, el telegrama decía:
"Necesito una gabardina"
Este mensaje fue para el bando sublevado un ejemplo de la pericia y astucia de Pla para eludir los interpretes republicanos y rápidamente los lumbreras y listillos se precipitaron a decodificar el mensaje. Lo pusieron del derecho y del revés, usando todos los códigos criptográficos de los que tenían a mano o conocían. Cuando se dieron por vencidos, incapaces de romper el mensaje en código y temiendo por la seguridad y vida de su agente, mandaron a otros dos espías a Marsella para poder averiguar el secreto. Durante días, la invisible sombra de Pla le seguía a todas horas tratando de encontrar situaciones que justificasen una actitud y mensaje tan extraño. Finalmente y habiendo agotado la paciencia de los agentes, acudieron al encuentro del escritor desterrado para de forma poco sutil y torpe susurrarle al oído:
-"No hemos entendido su mensaje, por favor especifique" preguntaron con un atisbo de admiración los agentes.
-"Aquí llueve mucho, hace frío y no tengo dinero para pagarme una" respondió un lacónico Pla que muerto de frío no daba crédito a lo que oía. Avergonzados los agentes se retiraron dispuestos a escribir un informe que estaban seguros iba a resultar muy poco creíble.
Sólo apuntar que a raíz de semejante historia, los criptógrafos se tomaron su trabajo de forma menos rigurosa, y una vez ganada la guerra por la facción auto-proclamada nacionalista (como si los republicanos no fuesen patriotas), Josep Pla regresó a Barcelona para ser subdirector de La Vanguardia bajo la dirección de Manuel Aznar, que más adelante tendría un nieto llamado José María, pero esa SERÁ OTRA HISTORIA.

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