"A mí la prensa siempre me ha tratado bien"
Francisco Franco
"BARAKAH" es la palabra que emplean los moros para designar la suerte del elegido por Dios, o la suerte divina. Decían en las Regulares Indígenas en Marruecos que uno de sus jóvenes oficiales gozaba de tal distinción, nada menos que Franco, el que sería dictador, generalisimo y jefe de estado durante casi cuarenta años, y si se estudia su vida, suerte tuvo, pero solo según se mire:
Internacionalmente conocido como Francisco Franco, su nombre completo es menos conocido y bastante cómico en estos días, cualquiera que se llame Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo no pasaría desapercibido hoy en día. Paquito es un nombre más usado hoy en día, especialmente para sus detractores, pero Paquita le llamaba su padre, entre otros muchos epítetos descalificativos, pues éste nunca le tuvo gran cariño. Nicolás Franco era un militar de la marina, de ideas liberales tanto políticas como morales, lo que no le impedía ser un mujeriego y desatender durante meses a su familia mientras estaba de servicio, mayoritariamente en Cuba. En las cortas estancias que pasaba en El Ferrol, Nicolás Franco vaticinaba constantemente que Francisco (No así Ramón o Nicolás, los hermanos más agraciados) no llegaría a ningún lado, ni sería nunca nadie importante, atendiendo a su presencia física y a su corto intelecto además solía torturarle llamándole Paquita por su voz meliflua. Esta humillación intermitente se vio compensada por los cuidados de su madre, María del Pilar Bahamonte, que completamente contraria a su marido, era de tradición conservadora y piadosa de Misa y Rosario diario. De ahí le vendría al joven Francisco su férrea fe católica. Así poco más o menos el joven Francisco se iba desarrollando entre las faldas protectoras de su madre y las dolorosas visitas que ocasionaba su padre, que acompañaba sus insultos con duros maltratos físicos. Esto fue hasta la humillante derrota de la armada española frente a Estados Unidos en la que se perdieron las últimas colonias del otrora imperio español: Cuba y Filipinas. Para la sociedad española en general fue un mazazo, pero para la pequeña comunidad marina de El Ferrol fue un golpe sin igual; los niños iban con una banda negra en el brazo en señal de luto mientras esperaban a que sus derrotados marinos volviesen a casa. Francisco vio como su padre volvía para quedarse ya que no quedaba ningún barco en el que servir, un miembro de la Armada sin barco, bien vale lo que nada, y al joven Francisco le toco aguantar los agravios de su padre durante ocho largos años. Hasta que les abandonó. A él, a su madre y a sus hermanos, se fue a Madrid y nunca más volvió a saber de él. Si esto es suerte, que venga Dios y lo vea.
El mismo año que su padre dejó la familia a su suerte, Francisco tenía ya catorce años e intentó alistarse en el ejercito, más completamente en La Marina. Pero no tuvo suerte. Suspendió todos los exámenes. Cierto es que el chaval tenía una capacidad de organización, trabajo y disciplina sin parangón pero no gozaba de demasiadas luces. Con lo que una vez fracasado su intento de alistar en la Marina, lo intentó en el ejercito de Tierra y ahí si lo consiguió (según algunos autores gracias a viejos contactos de su padre) y se fue a Toledo, a la escuela de oficiales. Su estancia ahí no le iba a ser más grata que la estancia en casa con su padre. El resto de compañeros no pararían de hacerle notar sus carencias, tanto de estatura como de intelecto, acompañadas por una voz de pito que no le abandonaría en su adolescencia y que daría juego a las burlas más crueles. Franco se había convertido nuevamente victima de la malicia de sus allegados. Enrocado en un virulento rencor aprendió a pasar su tiempo de la forma más solitaria posible, esperando el momento para demostrar su valía, aunque ese tiempo debió esperar bastante tiempo. Se licenció llegado el momento, con diecisiete años, pero de forma poco menos que discreta, quedando en el puesto 251 de 312 de su promoción. Ya era sub-teniente del ejercito de tierra, pero aunque deseaba ir a África para poder escalar en el rango militar, las asignaciones eran de acuerdo con la nota, y como España en aquel momento solo tenía superávit de oficiales en un ejercito colonial menguado por las derrotas, solo consiguió una discreta posta en El Ferrol, su pueblo natal, del que tanto había tratado de huir, Si esto es suerte, que venga Dios y lo vea.
Pero al cabo de un año de estar apostado contra su voluntad y ver su carrera ralentizada empezó la racha de suerte que le hizo un celebre idiota. Las guerras en el sur de Marruecos se estaban intensificando, lo que implicaba al oneroso recuerdo del que fue un gran imperio, las tribus bereberes y subsaharianas atacaban el sur de marruecos, y como ningún español se quería alistar para combatir en una guerra que no entendían, tuvo que reclutar a marroquíes lo que pasó a llamarse el cuerpo de regulares marroquíes, el cual sólo los más valientes oficiales se atrevían a mandar, puesto que se trataba de ordenar a moros a matar a otros moros. Franco presentó su solicitud y fue aceptada sin trabas. Aunque estaba dispuesto a hacer de su tropa digna de admiración, nunca llegó a confiar del todo en ella, puesto de su condición indígena, así que las primeras semanas las pasó con más miedo que vergüenza, durmiendo con su revolver en mano por si acaso cualquiera de sus soldados sucumbía un cruce de lealtades y tenía la feliz idea de rebanarle el gaznate. A pesar del miedo y la inseguridad con respecto a sus tropas, empezó a granjearse cierta fama entre los oficiales por su disciplina, y entre sus tropas por su actitud temeraria. Mientras la mayoría de los oficiales daban las ordenes desde la retaguardia, Franco se ponía en primera linea de batalla, sin agachar la cabeza entre la lluvia de balas con la que era recibido por el enemigo. Esa audacia fue fuertemente celebrada por sus tropas, hasta 1916 en que fue herido gravemente. Hasta hace relativamente poco tiempo se había aceptado la heroicidad de haber sido acertado en el bajo vientre, pero ahora sabemos gracias al periodista, escritor e investigador José Maria Zabala, que donde fue herido fue en los testículos, perdiendo uno de ellos. En una entrevista concedida por su única hija esquiva un poco sonrojada la peripecia hablando una vez más el bajo vientre. Si esto no es mala suerte...
Pero quizás no era mala suerte del todo, esta herida supuso el tan ansiado ascenso a comandante, el cual tuvo que pelear ya que sus oficiales no quisieron otorgárselo a pesar de ser una más que conocida regla no escrita, cualquier oficial herido conseguiría un automático ascenso y para colmo salvo su vida, porque mientras se recuperaba en Ceuta hubo una sublevación de los moriscos contra sus oficiales en la que casi todos los españoles recibieron la degollina con sorpresa y sin clemencia.
Convaleciente en España de su perdida testicular, al poco de recobrar sus capacidades y contra su voluntad fue reasignado en Oviedo, aunque lo que él realmente quería era volver a África para continuar con su ascensión. Sin embargo en Asturias su vida cambió por partida doble, conoció a Carmen Polo, una muchacha de buena familia venida a menos, y la movilización anarquista de mineros de 1917. Para España no era más que una huelga más, pero para Franco, herido de guerra por no decir que perdió un huevo, era una nueva oportunidad de notoriedad. Aplastó la pequeña rebelión con mano de hierro, mientras que cortejaba con Carmencita, una chiquilla que de no haber conocido a Franco se hubiese retirado a un convento, era tan creyente como él, sino más, así que podemos adivinar que su vida sexual no solo durante el cortejo sino durante el matrimonio debió ser casi nula, no solo por dormir en camas separadas, ni por que sus inquebrantables ideales católicos, sino porque entre otras peculiaridades Franco tenía fimosis como confesó su medico personal y se negaba a operarse, lo que hacía que sus relaciones sexuales fuesen terriblemente dolorosas. Hay autores que insinúan que fue uno de los hermanos el que le hiciera el favor a Doña Carmen para engendrar a su hija, pero casi creería que se trata de un bulo indemostrable.
No pasó demasiado tiempo hasta que Alfonso XIII supo de su existencia, especialmente después de su regreso a África de la mano del infame Millán Astray y su legión. Millán Astray era un zopenco descerebrado pero al igual que Franco tenía mucho valor, así como casi una cicatriz o tara de cada batalla en la que había librado y tenía un gran desprecio por los intelectuales, llegando a presumir durante su vida de haber escupido a Unamuno en la cara, cuando fue el gran Miguel el que le humilló en la universidad, pero eso es otra historia. Franco dicho sea de paso también despreciaba profundamente a los intelectuales, pero eso en público, en privado y bajo seudónimos, como J. Boor publicó libros infumables contra la masonería, y como Jaime de Andrade realizó el guión de un bodrio cinematográfico llamado Raza. en este film propagandístico de 1941 se recrea la discusión de dos hermanos, uno de ellos reivindica la legitimidad de la dictadura militar mientras que el otro defiende la democracia optando el mismo a usar la fortuna familiar para llegar a diputado. Se trataba claramente de él mismo por un lado y de su hermano Ramón, que debió ser tanto el enemigo natural como la envidia de Franco, ya que era hábil, inteligente, librepensador y para colmo, llegó a diputado de las cortes con Esquerra Republicana. Pero no debería desviarme ya que todo eso llegaría años después. Bajo la protección de Alfonso XIII, el tutelaje de Millan Astray, y la dictadura militar de Primo de Rivera, su ascenso militar fue meteórico, llegando al rango de general con la corta edad de 33 años, siendo el más joven en toda Europa. Fue nombrado después director de la Academia Militar de Zaragoza, y después Jefe del Estado Mayor, hasta que llegó la república y se le acabó el chollo.
Convaleciente en España de su perdida testicular, al poco de recobrar sus capacidades y contra su voluntad fue reasignado en Oviedo, aunque lo que él realmente quería era volver a África para continuar con su ascensión. Sin embargo en Asturias su vida cambió por partida doble, conoció a Carmen Polo, una muchacha de buena familia venida a menos, y la movilización anarquista de mineros de 1917. Para España no era más que una huelga más, pero para Franco, herido de guerra por no decir que perdió un huevo, era una nueva oportunidad de notoriedad. Aplastó la pequeña rebelión con mano de hierro, mientras que cortejaba con Carmencita, una chiquilla que de no haber conocido a Franco se hubiese retirado a un convento, era tan creyente como él, sino más, así que podemos adivinar que su vida sexual no solo durante el cortejo sino durante el matrimonio debió ser casi nula, no solo por dormir en camas separadas, ni por que sus inquebrantables ideales católicos, sino porque entre otras peculiaridades Franco tenía fimosis como confesó su medico personal y se negaba a operarse, lo que hacía que sus relaciones sexuales fuesen terriblemente dolorosas. Hay autores que insinúan que fue uno de los hermanos el que le hiciera el favor a Doña Carmen para engendrar a su hija, pero casi creería que se trata de un bulo indemostrable.
No pasó demasiado tiempo hasta que Alfonso XIII supo de su existencia, especialmente después de su regreso a África de la mano del infame Millán Astray y su legión. Millán Astray era un zopenco descerebrado pero al igual que Franco tenía mucho valor, así como casi una cicatriz o tara de cada batalla en la que había librado y tenía un gran desprecio por los intelectuales, llegando a presumir durante su vida de haber escupido a Unamuno en la cara, cuando fue el gran Miguel el que le humilló en la universidad, pero eso es otra historia. Franco dicho sea de paso también despreciaba profundamente a los intelectuales, pero eso en público, en privado y bajo seudónimos, como J. Boor publicó libros infumables contra la masonería, y como Jaime de Andrade realizó el guión de un bodrio cinematográfico llamado Raza. en este film propagandístico de 1941 se recrea la discusión de dos hermanos, uno de ellos reivindica la legitimidad de la dictadura militar mientras que el otro defiende la democracia optando el mismo a usar la fortuna familiar para llegar a diputado. Se trataba claramente de él mismo por un lado y de su hermano Ramón, que debió ser tanto el enemigo natural como la envidia de Franco, ya que era hábil, inteligente, librepensador y para colmo, llegó a diputado de las cortes con Esquerra Republicana. Pero no debería desviarme ya que todo eso llegaría años después. Bajo la protección de Alfonso XIII, el tutelaje de Millan Astray, y la dictadura militar de Primo de Rivera, su ascenso militar fue meteórico, llegando al rango de general con la corta edad de 33 años, siendo el más joven en toda Europa. Fue nombrado después director de la Academia Militar de Zaragoza, y después Jefe del Estado Mayor, hasta que llegó la república y se le acabó el chollo.
Tras el negro bienio de derechas en el que gobernó Gil Robles al frente de la C.E.D.A., la izquierda retomó el poder y la primera medida fue distanciar a los generales que consideraban potenciales amenazas a la república. Franco que siempre se había declarado monárquico y anhelaba la vuelta de Alfonso XIII fue mandado a las Canarias, concretamente a Tenerife, con la prohibición expresa de no abandonar la isla sin permiso del gobierno. Cuando comenzó la fallida sublevación militar que daría lugar a la guerra civil española Franco no soñaba con llegar hasta donde llegaría al terminar la contienda y esperaba el retorno del Rey como durante la dictadura de Primo de Rivera, pero cuando disfrutó del poder absoluto se negó a la reinstitución del monarca. En su exilió Alfonso XIII se lamentaba habitualmente con la frase "¡cómo me engaño el gallego!" pero eso SERÁ OTRA HISTORIA.

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