"Me convertí en un loco con largos intervalos de horrible cordura"
Allan Poe
LA HISTORIA, no solo la pueblan los grandes estadistas, dictadores, reyes o gobernantes, además tienen historias truculentas de ciertos anónimos que demuestran la naturaleza humana por encima de todos. Hoy hablaré de un gran desconocido que representaba bastante bien a la sociedad estadounidense de la guerra fría.
En el año 1949. el proto-psiquiatra luso António Egas Moniz recibió el premio novel de medicina por la supuesta invención de la lobotomia. Muchos hemos visto a Jack Nicholson hacer de lobotomizado en la gran película de Milos Forman, "Alguien Voló Sobre el Nido del Cuco" (1975), y a quién no lo hubiese visto, llega tal que cuarenta y un años tarde, así que difícilmente hablaremos de un "spolier" con tanto tiempo, el caso, para no desviarnos, es que vemos a un rebelde e irreverente personaje ser privado de su autonomía de forma quirúrgica e irreparable. Egas Moniz sentó las bases de tan oscuro tratamiento. La lobotomía consistía nada más que en realizar cortes en los lóbulos frontales del cerebro. El portugués de marras nunca llegó a probar su teoría con un ser humano, todo lo más llegó a practicarlo con un chimpancé que para el caso venía a ser lo mismo. Moniz tuvo demasiados y justos detractores, pero a pesar de las quejas, no le arrebataron el Nobel.
Al otro lado del Océano Atlántico, un emprendedor y chapucero médico de familia, ni siquiera cirujano, creó su propio sistema de lobotomía. El "doctor" Freeman, recorría el país de Este a Oeste y de Norte a Sur en una furgoneta o caravana normal y corriente, pero que siguiendo la moda americana de los superhéroes de los años cuarenta y cincuenta de Marvel, llamó "lobotomobile". Desde su púlpito nómada el llamado D. Freeman proclamaba a los cuatro vientos las bondades de la lobotomía, que no sólo era capaz de curar trastornos psicopáticos, también curaba enfermedades propias de la locura como las depresiones, la irracionalidad paranoide, las visiones o los comportamientos raros como los de un camarero creyéndose un felino de metro setenta y ocho. Además curaba "enfermedades" como el comunismo (estamos en época de McCarthy) y la homosexualidad, según cantaba Freeman ciudad tras ciudad.
Más de cinco mil personas acudieron al comercial anuncio de semejante carnicero que usaba una pica de hielo, que es como una aguja gigante, entrando por el lóbulo ocular derecho, golpeado levemente en dirección ascendente. Mientras la letal púa subía el supuesto doctor Freeman iba haciendo preguntas del tipo, cómo te llamas, de dónde vienes, tararéame una canción. Una vez el lóbulo frontal quedaba demasiado dañado como para dar autonomía a su portador, la "operación" se daba por concluida, y el paciente se convertía en un dócil "vegetal" para el resto de su vida. No penséis por un momento que esto se trataba de una operación controlada, muchos pacientes dejarían de ser enfermos bajo el punzón de Freeman, claro esta que ninguno presentó quejas. Hasta el día que un hombre "importante" cruzó su camino.
"Joe" Kennedy, patriarca de una de las familias más importantes de EEUU, y muy ligado al mundo de la mafia tenía una espléndida colección de vástagos propia de los católicos de origen irlandés como era el caso, y su mayor sueño era que uno de sus hijos llegase a copar los más altos cargos que a él le habían sido negados en su condición de inmigrante, para colmo irlandés, y para colmo católico, la riqueza coquetearía con él a manos llenas, pero no la Fortuna, que se convirtió en una traidora y enemiga jurada para toda el "clan". Los hijos mayores, Joe, Jack y Bobby demostraron ser mucho más que brillantes, pero Rose Mary era harina de otro costal. Al lado de sus privilegiados hermanos y coetáneos en sociedad, la mayor de la dinastía resultaba provocadora, espontanea y ligera de cascos, dicho de otra forma más actual y menos trivial, si sus hermanos eran ágiles y viriles era celebrado públicamente; si Rose Mary era un pelín más corta y tan libertina como el resto de la familia, era que estaba loca. Harto de esconder a su hija mayor que perjudicaba la carrera de sus "pura-sangres", y embelesado por las fáciles y comerciales palabras del "doctor" Freeman, Joe Kennedy decidió someter a su hija menos agraciada a la "milagrosa" terapia del punzón de hielo.
Mientras Freeman rasgaba sin piedad, anulando los lóbulos frontales de Rose Mary Kennedy, la voluntad de la muchacha se iba apagando, así como su identidad, su capacidad de raciocinio y su voluntad. Rose Mary, enjaulada en un hospital psiquiátrico para el resto de su vida, vio como todos sus hermanos listos iban cayendo paulatinamente, bien por enfermedad, accidente o asesinato. Fue la única de su dinastía que cruzó el "Río de Caronte" de forma natural. Pero por supuesto, eso SERÁ OTRA HISTORIA.
En el año 1949. el proto-psiquiatra luso António Egas Moniz recibió el premio novel de medicina por la supuesta invención de la lobotomia. Muchos hemos visto a Jack Nicholson hacer de lobotomizado en la gran película de Milos Forman, "Alguien Voló Sobre el Nido del Cuco" (1975), y a quién no lo hubiese visto, llega tal que cuarenta y un años tarde, así que difícilmente hablaremos de un "spolier" con tanto tiempo, el caso, para no desviarnos, es que vemos a un rebelde e irreverente personaje ser privado de su autonomía de forma quirúrgica e irreparable. Egas Moniz sentó las bases de tan oscuro tratamiento. La lobotomía consistía nada más que en realizar cortes en los lóbulos frontales del cerebro. El portugués de marras nunca llegó a probar su teoría con un ser humano, todo lo más llegó a practicarlo con un chimpancé que para el caso venía a ser lo mismo. Moniz tuvo demasiados y justos detractores, pero a pesar de las quejas, no le arrebataron el Nobel.
Al otro lado del Océano Atlántico, un emprendedor y chapucero médico de familia, ni siquiera cirujano, creó su propio sistema de lobotomía. El "doctor" Freeman, recorría el país de Este a Oeste y de Norte a Sur en una furgoneta o caravana normal y corriente, pero que siguiendo la moda americana de los superhéroes de los años cuarenta y cincuenta de Marvel, llamó "lobotomobile". Desde su púlpito nómada el llamado D. Freeman proclamaba a los cuatro vientos las bondades de la lobotomía, que no sólo era capaz de curar trastornos psicopáticos, también curaba enfermedades propias de la locura como las depresiones, la irracionalidad paranoide, las visiones o los comportamientos raros como los de un camarero creyéndose un felino de metro setenta y ocho. Además curaba "enfermedades" como el comunismo (estamos en época de McCarthy) y la homosexualidad, según cantaba Freeman ciudad tras ciudad.
Más de cinco mil personas acudieron al comercial anuncio de semejante carnicero que usaba una pica de hielo, que es como una aguja gigante, entrando por el lóbulo ocular derecho, golpeado levemente en dirección ascendente. Mientras la letal púa subía el supuesto doctor Freeman iba haciendo preguntas del tipo, cómo te llamas, de dónde vienes, tararéame una canción. Una vez el lóbulo frontal quedaba demasiado dañado como para dar autonomía a su portador, la "operación" se daba por concluida, y el paciente se convertía en un dócil "vegetal" para el resto de su vida. No penséis por un momento que esto se trataba de una operación controlada, muchos pacientes dejarían de ser enfermos bajo el punzón de Freeman, claro esta que ninguno presentó quejas. Hasta el día que un hombre "importante" cruzó su camino.
"Joe" Kennedy, patriarca de una de las familias más importantes de EEUU, y muy ligado al mundo de la mafia tenía una espléndida colección de vástagos propia de los católicos de origen irlandés como era el caso, y su mayor sueño era que uno de sus hijos llegase a copar los más altos cargos que a él le habían sido negados en su condición de inmigrante, para colmo irlandés, y para colmo católico, la riqueza coquetearía con él a manos llenas, pero no la Fortuna, que se convirtió en una traidora y enemiga jurada para toda el "clan". Los hijos mayores, Joe, Jack y Bobby demostraron ser mucho más que brillantes, pero Rose Mary era harina de otro costal. Al lado de sus privilegiados hermanos y coetáneos en sociedad, la mayor de la dinastía resultaba provocadora, espontanea y ligera de cascos, dicho de otra forma más actual y menos trivial, si sus hermanos eran ágiles y viriles era celebrado públicamente; si Rose Mary era un pelín más corta y tan libertina como el resto de la familia, era que estaba loca. Harto de esconder a su hija mayor que perjudicaba la carrera de sus "pura-sangres", y embelesado por las fáciles y comerciales palabras del "doctor" Freeman, Joe Kennedy decidió someter a su hija menos agraciada a la "milagrosa" terapia del punzón de hielo.
Mientras Freeman rasgaba sin piedad, anulando los lóbulos frontales de Rose Mary Kennedy, la voluntad de la muchacha se iba apagando, así como su identidad, su capacidad de raciocinio y su voluntad. Rose Mary, enjaulada en un hospital psiquiátrico para el resto de su vida, vio como todos sus hermanos listos iban cayendo paulatinamente, bien por enfermedad, accidente o asesinato. Fue la única de su dinastía que cruzó el "Río de Caronte" de forma natural. Pero por supuesto, eso SERÁ OTRA HISTORIA.

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