martes, 16 de febrero de 2016

El Fallo Errado


"Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cuatro años podría entenderlo.
¡Que me traigan un niño de cuatro años!"
Groucho Marx

       HACE escasos meses un vergonzoso contexto internacional que premia la belleza femenina (y supongo que también masculina, no lo se y no lo voy a buscar) copó mas portadas de las que generalmente vienen haciendo año tras año. Las bellas modelos con sus deslumbrantes sonrisas serigrafiadas esperaban el veredicto para ver quién era de todas la más guapa. No pregunten demasiado por su inteligencia o dirán en público frases tan míticas como "me gustaría viajar al pasado a Roma, donde nació y  murió nuestro Señor Jesucristo" o la casi insuperable "Confucio fue uno de los que inventó la confusión" que no son falsas, fueron dichas en sendos contextos de belleza junto a tantas otras, que no vienen al caso. En esto, que ya estaban las azafatas sonrientes esperando el fallo del jurado, sosteniendo la corona, la banda y las floras. Steve Harvey como presentador, mesaba y manoseaba con deleite el sobre con el nombre de la ganadora, llevando al extremo la tensión del momento y la paciencia de las galardonadas que se lanzaban puñales con la mirada entre ellas, parapetadas en murallas de dientes cegadóramente blancos. El bueno de Harvey sacó el nombre de la ganadora y Colombia entera ensalzó a su Miss como la más guapa del universo. La música ceremonial, las luces lanzaban juegos de vivos coloridos para dar magia al momento y Miss Colombia era coronada delante de todas las demás participantes que batían palmas cargadas de odio y envidia. Y de repente pasó lo que pasó. La música cesó, las luces se apagaron, todo se volvió extrañeza tratando de entender lo que pasaba y el silencio se vio roto por la garganta del presentador tragando saliva. "Me temo que ha habido un error", llegó a articular, y antes de que la gente llegase a traducir semejante frase en su sistema cognitivo, proclamó Miss Universo a Miss "Pilipinas". Ya las miradas eran todas de odio sin disimulo y desde Tarapaca a Barranquilla sonaron voces indignadas pidiendo sangre. El suceso que en un mundo civilizado no hubiese sido más que una desafortunada anécdota casi llegó a asunto de estado.

        Desde que a unos griegos aburridos se les ocurriese crear las olimpiadas, y seguramente mucho antes también el ser humano a tratado de destacar sobre los demás, y que mejor forma que hacerlo de forma oficial con un premio. Y ya se condecora por cualquier cosa, el mejor matemático, la más guapa, el más rápido, la mejor novela. Y si solo se premiasen las cosas de calidad... pero desde que se publicó la primera edición del Libro Guinnes de los Records en el año 1955, ya se premia hasta las estupideces más propias del intelecto humano, como cual ha sido el bocata de chorizo de cantimpalo más largo al que necesita diez tallas más de zapato por no haberse cortado jamás las uñas de los pies. Y claro esta, donde hay un veredicto subjetivo, puede haber politiqueo, el politiqueo lleva al mamoneo, y el mamoneo con el colegueo da lugar a jurados fallando de forma inverosímil. Por citar un claro ejemplo, la película Titanic de 1997 ganó once estatuillas de los Oscars, por delante de películas de mucha más calidad en todos los sentidos.

       Pero si hablamos de historia, hablamos de premios y hablamos de ridiculo, debemos retrotraernos al año 1939, en el que un parlamentario sueco llamado Erik Brandt mandó su candidatura a la academia sueca para que el galardón de Premio Nobel de la Paz de aquel año recayese en las manos de Adolf Hitler. Cuando preguntaron qué había hecho perder la cabeza al señor Brandt este alegó que gracias a Hitler y a su diplomacia, Alemania se había anexionado gratuitamente unos territorios de Checoslovaquia, la zona de los Sudetes, con la connivencia de Italia, Francia e Inglaterra. Habiéndose quedado estos terrenos, que no hablamos de un par de fincas, una vasta extensión de terreno sin coste y sin pegar un tiro le pareció motivo suficiente para galardonar al dictador alemán que había disuelto el congreso una vez llegó al poder, que había pasado por la cárcel debido a un fallido golpe de estado, y que cada dos por tres lanzaba mensajes incendiarios contra los judíos, contra la parte del mundo dominada según él por los judíos como Estados Unidos y otros países capitalistas, y contra la otra parte del mundo, los indeseables comunistas, que debían su ideología socialista a un judío; Hitler merecía según Brandt el Premio Nobel de la Paz. Por supuesto no se lo dieron, y una vez Rusia y Alemania decidieron llegar a un acuerdo, gracias que sus ministros de exteriores Molotov y Ribbentrop, de repartirse el territorio de la recién unificada Polonia (Porque Alemania sola no invadió Polonia, eso es una falacia y además esta demostrada) sin contar con la opinión de los polacos, la segunda Guerra Mundial daría comienzo, Brandt trató de borrar sin éxito cualquier prueba de haber nominado al monstruo austriaco para semejante galardón. Este llegaría a Alegar que como el resto de nominados no eran ni de su cuerda política ni de su agrado personal el nominó a Hitler por despecho.

       Tampoco seamos demasiado duros con el sueco. A Barack Obama no es que le nominasen, le dieron el mismo premio sólo por ser el primer presidente negro de un país plagado de historia racista. Y le dieron el premio con todo lujo de publicidad y reverencias. Ahora que llega el final de la segunda legislatura del presidente de los Estados Unidos de América se retira con dos honores para los anales de la historia, el de primer presidente afroamericano (como les gusta decir a los cursis) y el presidente que bajo su mandato ha habido más muertos en conflictos y en contiendas bélicas. Nunca en la historia de américa desde su fundación han habido tantas bajas, ni en época de Lincoln en la guerra civil, ni en época de Johnson-Nixon en la guerra de Vietnam. Es el presidente con más muertes en su conciencia. Sí. Premio Nobel de la Paz, pero eso SERÁ OTRA HISTORIA.


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